“tú no viniste en balde”…

Te vas, y como dicen en mi tierra… “tú no viniste en balde”…

Y ese “balde” (lease:cubo)… te lo llevas bien cargadito con litros y litros de mis lágrimas.

Y mientras te veo marchar me paro a pensar y me doy cuenta de que cuando llegaste apenas percibí ese “rejo” tuyo… No te tomé en serio, no supe darme cuenta que me ibas a dar la vuelta como un calcetín, que me ibas a poner boca abajo caminando sobre mis manos, que me ibas a romper la cabeza de tanto pensar, que me ibas a exigir cada minuto, cada segundo para luego dejarme desnuda frente a todos y todas sin más abrigo que mi propia piel.

Tal vez (quien sabe) me habrían venido bien un par de tatuajes, aunque sea para despistar.

No supe calibrar, no supe administrar la vida, las emociones, las obligaciones, no supe reaccionar y me dejaste pagando la factura como si fuera la única usuaria…

Te veo marchar… y (tonta de mi) no puedo evitar la nostalgia de aquellas cosas que prometiste y no cumpliste… que le voy a hacer, soy una romántica, lo sé… pero no, ser romántica no es un problema. El problema es hacer del romance una jaula que te haga mirar el futuro tras los barrotes, esos barrotes que agarras con fuerza y zarandeas como para abrirte paso… y sin embargo otras veces (aunque no lo confieses) usas de agarraderas precisamente para quedarte dentro. Malo. Eso es rutina.

Te veo marchar…  pero no voy a pedirte que regreses, ni siquiera para que cumplas esas promesas que dejaste a medias… y es que contigo o sin ti todo avanza, todo sigue su curso… lo pude comprobar perfectamente en mis noches sin fin, cuando el sueño no acudía y mi alma haciéndose añicos se cortaba las venas que ya ni sabía tenía…

No te guardo rencor… aunque… joder!! Claro que podría.  Pero no…  el rencor no me va ayudar a crecer, tampoco me hará olvidar esas cosas que quiero olvidar… y tampoco me va a devolver (a pesar de que te lo hayas llevado a traición) lo único que sí quisiera recuperar.

No, no te detengas. Sigue. No te gires ahora que ya no quiero ni mirarte. O bueno, sí, detente y mírame tú a mí.  Me verás erguida, sin desviarte la mirada, caminando recta y orgullosa como me vistes en las últimas semanas, apoyada en mi gente, sí, pero feliz porque nos cuidamos, porque somos pueblo, porque somos manada.

Mientras te marchabas… en ese cubo que tan a regusto te llevas metí la dinamita de mis sonrisas.

Sonrisas enaMORADAS cargadas de verdad, de dignidad, de empatía, de solidaridad… y aquí me tienes viéndote ir, sin rencor… pero esperando verte explotar, deseando ver como esa metralla morada se te mete dentro, bien profundo. Te lo prometo, de verdad que es sin rencor.

Semillas empapadas de sueños, de ilusiones, de risas…  y de esa vida que te llevaste. De eso iban mis lágrimas, las que tienes ahora clavadas en tus entrañas…

 

Adiós a mi 2015.

Bienvenido 2016. Toca florecer.

Por aquí ya empezó la primavera.

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