Archivo de la categoría: Homenaje David Bowie

Larga Vida al Duque Blanco…

Sentí una vibración en el bolsillo, imaginé que sería un wasap para preguntar sobre la concentración de Airbus (íbamos de camino), saqué el móvil para leer y sí, tenía varios wasap, telegram…respondí unos, respondí otros y ya que estaba… entré al face.

Me quedé petrificada con el móvil en la mano. Leí un comentario que decía como “Blackstar” era el último cambio de piel del Sr camaleón…David Bowie.
Así, con exquisita elegancia un compañero mencionaba la muerte de este inigualable artistazo.

Más que respirar resoplé en el acto y volví a releer la elegante frase para ver si me estaba equivocando al interpretar las palabras. Pero no, no me estaba equivocando, me bastó unos segundos para comprobar como en el face más personas estaban ya compartiendo la triste noticia.

Tragué saliva, apreté los dientes, disimulé las lágrimas que pugnaban por salir y al llegar a la concentración me bajé del coche prácticamente ya sacando fotos. Junto a mis compañeros pasé la mañana reivindicando la no criminalización de los huelguistas y el derecho de todos y todas a ejercerla, y aunque era un acto de activistas… evidentemente entre corrillos y corrillos se hablaba la triste noticia.

En un once de enero con el frío calándote los huesos y el cielo amenazando lluvia… todo podía pasar, y pasó. Pasó que a mi edad se me revolvió la adolescencia por dentro y cuando ya libre de miradas por fin llegué a casa… tan solo cruzar el umbral de la puerta rompí a llorar recuperando mis 13, 14, 15, 16, 17 años que fueron los que profesé devoción (casi malsana) por el mutante hombre de las estrellas… Y con la prisa de la fan que llega tarde a un concierto corrí a mi habitación para revolver los cajones del armario buscando esa la camiseta de la que nunca me desprendí, comprada en Discos Manzana después de reunir duro a duro (y no es broma) las 1000 pesetas (de la época) que mi madre siempre consideró gasto caprichoso en una casa donde faltaba de todo un poco pero que yo defendí a capa y espada y reivindiqué como necesaria para mi propia identidad…

Los nervios y la aún (no del todo colocada) mudanza no me dejaban encontrar la prenda. Revolví un cajón, otro, un estante, dos… y así hasta que la encontré y (no miento) la besé y me la puse con pura ansia! Y sí… (confieso) me tiré sobre la cama a llorar escondiendo la cara en la almohada para que se me escuchase poco… o nada.

Y mientras lloraba mis 13, 14, 15, 16, 17 años… recordaba las horas escuchando sus canciones tratando de traducirlas (lográndolo a duras penas), recordaba todos y cada uno de los posters con los que empapelé la habitación que compartía con mi hermana… recordaba las broncas que me echaba mi madre diciéndome que dejaba marcadas todas las paredes (pero nunca me quitó ninguno…), recordaba la cara de susto de mi abuela Lila cuando nos visitó y se quedó mirando a ese hombre que vigilaba mis sueños, recordaba las peripecias para grabar los videoclips… y como no, las cintas de cassette (aún guardo algunas…), recordaba las carpetas del instituto forradas con recortes de revistas alemanas que me conseguían las compañeras de clase…(ellas eran más de Hombres G y otras variantes…), también sus películas (no tan exitosas, pero algunas sí memorables)…y en especial… en especial recordaba esa camiseta que con tanto orgullo me ponía para ir al insti y me hacía sentir mil veces especial cada vez que alguien se la quedaba mirando…

Soy una más entre sus millones de fans, lo sé. No aspiro a competir. Fue tan grande David Robert Jones que hay Bowie para todos y todas.

Nos queda su obra, esa con la que desde sus inicios marcó la diferencia. Esa que pasó por diferentes etapas y siempre impactó. Esa que puede gustar más menos, atraer poco mucho pero que analizada en su conjunto recibe siempre excelentes críticas e infinitos aplausos.

No puedo lograr que este sea un gran texto, sin embargo él si fue grande en mi vida, tan grande que cuando pasó la época de los poster en las paredes y de las carpetas de instituto… quedó lo que verdaderamente importaba, su voz, su carisma y su trabajo. Quedó todo entre él y yo.

Necesitaba homenajearle de alguna manera, y esta es la unica que sé, desnudando mis sentimientos.

Entre sus temas hay muchos a elegir. Es dificil no querer quedarse con casi todos, pero yo me he decidido por este porque me estremezco cada vez que lo escucho, y sí, también lloro.

 

Larga Vida al Duque Blanco… Gracias, David.

 

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