No seas atrevido

Que sí, que las películas de “llaneros solitarios” se están poniendo de moda. Danny Boyle hace una especie de oda a la supervivencia con cierto toque de reality show en 127 horas, filme que lleva la coletilla de “basada en hechos reales”, donde un montañero un poco kamikaze, interpretado por James Franco, queda atrapado en una oquedad en las áridas tierras de Utah, con un brazo hecho añicos intercalado en una roca y sin más seres vivos cerca que hormigas, lagartos y demás fauna troglobia. Boyle, muy en la línea de “nuestro” Rodrigo Cortés en Buried (si me tengo que decantar entre las dos películas, me quedo, sin dudarlo un ápice, con la cinta protagonizada por Ryan Reynolds) nos presenta a un individuo enfrentado a una verdadera situación límite. El  director de Trainspotting y Slumdog Millionaire, consciente de que narrar en 90 minutos las peripecias de un tipo que está cinco días tratando de escapar a su triste destino puede resultar un canto al aburrimiento, cuando no a la desesperación, recurre a todo tipo de “elementos adicionales” que mitiguen el aparente tedio al que se enfrenta una historia previsible; y ahí posiblemente radique el acierto de Boyle, porque si tienes la mala suerte de pasar por un trance similar, tu mente será pasto de todo tipo de desvaríos, fantasías, recuerdos y anhelos. 127 horas ofrece, además, una particular moraleja: si te vas por ahí de pateo, llévate un móvil o deja dicho adónde vas. Al menos, el 1-1-2 sabrá cómo encontrarte. O eso espero

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas ¿Qué opinas?

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