En tiempos de nadie

Allá lejos, en los inquietos años 80 del pasado siglo, proliferaron una serie de películas en las que se daba pábulo a los caballeros, a las princesas más o menos en apuros y a las brujas en sus diversas vertientes (algunas bastante agraciadas, por cierto; otras enormemente surtidas de verrugas y pústulas), bien con un escenario semihistórico como telón de fondo o recurriendo a tiempos pretéritos irreales que salían, en su mayor parte, de la siempre lúcida mente de algún creador de cómics. A bote pronto, y seguro que olvido varias, me vienen a la cabeza títulos como El señor de las bestias, Lady Halcón, Los señores del acero o el propio Conan, el bárbaro (y su posterior secuela: Conan, el destructor). Con mayor o menor fortuna, se trataba de productos entretenidos y bien elaborados; en definitiva, puro cine de evasión. Ahora, ha llegado a las pantallas En tiempo de brujas, cinta que lejos de ayudar a rescatar y revitalizar esta especie de subgénero fantástico lo que ha hecho realmente es volverlo a enterrar en lo más profundo. Desde luego, si habría que quemar a alguien en la hoguera, no sería a las pobres hechiceras, sino a los que han ideado este farragoso, estéril y pueril filme, en el que no se salva ni el apuntador, siquiera acaso Ron Perlman (¡penitenciagite!, cual émulo de su recordado Salvatore de En el nombre de la rosa, es lo que debería haber hecho por aceptar semejante bodrio) y un irreconocible y breve Christopher Lee, en la piel de un alto dignatario eclesiástico lleno de bubones. El director de la película, a la sazón Dominic Sena, artífice de Sesenta segundos, Operación Swordfish y Kalifornia, ha conseguido que Nicolas Cage descienda verdaderamente a los infiernos en un proyecto que, entre otras cosas, expide unos efectos especiales que devienen en lamentables. Y mira que había material para articular un producto atractivo: la peste, el oscurantismo de la época, la hipocresía religiosa… En resumidas cuentas, En tiempo de brujas resulta una película absolutamente prescindible, algo de lo que te das cuentas apenas transcurren tres minutos sentado en la butaca.

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas ¿Qué opinas?

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