Reunión de amiguetes

La amistad o lo que supuestamente consideramos amistad. He aquí la cuestión, arduo dilema… Pequeñas mentiras sin importancia, una comedia con tintes melodramáticos, ha barrido en Francia, su país de origen, al menos en términos de espectadores, que no es poco. Lo resumo: un grupo de amigos, pequeñoburgueses cuarentones o enfilando esa etapa (algunos ya casi la oteamos, dicho sea de paso), se va de vacaciones a la costa dejando a uno de sus iguales agonizando en el hospital tras sufrir un accidente en moto. Lejos de París, y en una coqueta casa de verano, entre el marisco y el morapio, los paseos en lancha, el mar y el sol de julio, afloran dudas, malentendidos,  imbecilidades varias, medias verdades y unas considerables dosis de inmadurez. Tras un comienzo alentador -el propio hecho en sí de dejar “colgado” a un amigo del alma en el lecho sanitario-, la película, obra y gracia de Guillaume Canet, deviene en una especie de montaña rusa, con momentos álgidos y otros de cierto sopor, que se ven subrayados por el excesivo metraje de un filme (154 minutos) que, para colmo, se finiquita con un peculiar coro de plañideras al son de My way. La cinta, que aquí sólo se puede visionar en pantalla grande en los Renoir Price, salva medianamente el tipo gracias a un reparto en el que sobresalen François Cluzet y Marion Cotillard. Tener amigos para esto…

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas ¿Qué opinas?

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