Yihadistas al desnudo

Surrealismo, absurdo, esperpento… Four Lions entremezcla brillantemente estos conceptos para contar la hiperbólica trama de un peculiar grupo de descerebrados aspirantes a terroristas que tratan de perpetrar un atentado en Inglaterra… ¿Banalizar y simplificar el terrorismo islamista o el terrorismo en general? En realidad, una comedia dramática como Four Lions ridiculiza con flema británica -los Monty Python  siempre presentes-  cualquier tipo de sinrazón, de fanatismo religioso o ideológico, como ya hizo en su momento el gran Charles Chaplin con su genial El gran dictador (1940) o como remarcó Stanley Kubrick en ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú (1964). Cada vez más resultan necesarias sátiras para relativizar conflictos y sacudirnos temores como la firmada por Chris Morris, un mordaz tipo curtido en los medios audiovisuales de la Pérfida Albión. La idiotez supina (acaso no lo es también la violencia terrorista) deviene en el principal arma que utiliza el filme de Morris. Estupidez multiplicada hasta la saciedad, que se refleja en los propios personajes y en las situaciones que generan, y de la que no se salva ni la propia policía inglesa. ¿Morris deforma o malea la realidad para crear esta insurgente comedia? No crean. El propio director reconoce que en la investigación previa a la película constató que lo disparatado no es infrecuente entre los terroristas. Four Lions se erige en una sobria pero lúcida parodia que reduce hasta la insignificancia el terrorismo, ejemplificado aquí en un puñado de yihadistas cafres, dirigidos por un joven, Omar, quien trabaja en una empresa de seguridad, al que siguen su amigo Waj (con evidentes problemas de sequía intelectual); Faisal, un adiestrador de “cuervos-bomba”; y Barry, un británico convertido al Islam (los conversos son los peores, según dicen); y a los que se une una especie de rapero frustrado. Semejante célula compone el grueso de esta cinta que desnuda y deja en evidencia peregrinos conflictos, y cuyo carnavalesco desenlace no sabe si hacerte reír o llorar.

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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