Miedo escénico papal

¿Y si el que va a ser el heredero de San Pedro en la Tierra se rajase de su divina misión nada más salir elegido en el cónclave de la Capilla Sixtina? El conocido director y actor italiano Nanni Moretti se plantea esta sesuda, comprometedora y peliaguda cuestión y sus imprevistas consecuencias en la cinta Habemus Papam, pretendida sátira sobre el Sumo Pontífice. Pero no crean que Moretti se desmelena a la hora de ironizar acerca de los entresijos que rodean a la cúpula vaticana, en lo que podría haber sido una especie de reverso en clave sarcástica de Las sandalias del pescador (película de 1968 protagonizada por Anthony Quinn y basada en la novela de Morris West); en realidad, prefiere plantarse en las cuitas y dudas trascendentales de un hombre que no quiere ni por asomo ejercer de Pastor Supremo, en este caso un genial Michel Piccoli, en el papel del dubitativo e inseguro cardenal Melville. El autor de Caro diario opta, precisamente, por esta vía (lo que sorprende por su visión siempre ácida de la realidad), a pesar de que en la primera parte de la cinta nos frotamos las manos por las perspectivas que ofrece su desmitificadora imagen del boato eclesiástico a gran nivel y el vodevil permanente al que somete a los cardenales, a quienes trata como una miríada de entrañables ancianos (incluso los pone a jugar a voleibol). La película desemboca así en una reflexión sobre el miedo escénico y el acongojamiento que otorga ser el máximo representante de Dios por estos lares, aspecto que en cierta manera le resta fuerza al resultado final. Por eso, se  echa en falta de Moretti (que interpreta a un psicoanalista que acude al rescate papal, con una de las escenas más divertidas del filme, en la que entrevista “a solas” al temeroso obispo de Roma) el haber ido más allá, en poner el dedo en la llaga sobre determinadas cuestiones candentes en la Santa Sede. La Iglesia puede estar tranquila. Habemus Papam no es para tanto, sólo un pequeño dardo con poco veneno en las entrañas del Vaticano.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas ¿Qué opinas?

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