Para gatófilos confesos

La verdad es que esperaba, por el personaje, una película más canalla, irreverente, incluso picarona, menos infantil. El deseado spin-off de la franquicia Shrek, El gato con botas, con alma y voz de Antonio Banderas, deja cierto regustillo de decepción adulta (nos acostumbran mal con estas cintas) porque se decanta claramente por el público pequeñito, a fin de cuentas, el que más beneficios va a dejar por medio de las perras de los progenitores (marketing manda). Un filme, con toques latinos, no sólo por el actor malagueño y su partenaire gatuna, la siempre deseable Salma Hayek, sino por su ambientación, de aroma tex-mex y aires de villorrio del sur peninsular. El gato con botas que nos ocupa, que debe más a El Zorro y al mito de Don Juan que al pergeñado por el escritor francés Charles Perrault, está destinado a uso exclusivo de la familia y de gatófilos empedernidos (a mi amigo y colega Pedro Murillo le flipará), quienes se sentirán plenamente identificados con sus felinas peripecias. Producto con una animación notable, de lo mejor de la factoría Dreamworks en los últimos tiempos, y con un guión aceptable -tal vez se eche en falta más imaginación-, donde lo único que sobra de verdad es esa cosa, en forma de huevo, llamada Humpty Dumpty, que no le resulta simpático ni al niño más risueño.

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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