El romano Woody Allen

Y Woody Allen recorrió la Ciudad Eterna, a su manera… No puedo decir que A Roma con amor, la nueva película adscrita al singular periplo europeo del genio neoyorquino, me entusiasmase a rabiar, como ocurrió con Midnight in Paris -esa visita al pasado cargada de nostalgia, arte y literatura-, pero desde luego no me ha disgustado. Es más, si la comparamos con un buen caldo, tiene al menos ese retrogusto que hace que vuelvas presto al vaso y apures el vino que te queda. Allen despieza en cuatro historias su cosmogonía de Roma, impregnando sus cuentos de puro surrealismo. Obviamente, las narraciones que propone, que no tienen lazos en común entre sí, a no ser esa querencia al absurdo y, a ratos, al vodevil más puro (la comedia italiana como referente), son desiguales; y por lo tanto, el filme, en su conjunto, resulta irregular y descompensado. No obstante, me quedo con lo más disparatado, con la parte interpretada por el propio Allen, como casual descubridor de su consuegro transalpino, de profesión funerario, y con aspiración a cantante de ópera -siempre que sea dentro de una ducha-.  Y también elijo la de Roberto Benigni, donde un Allen buñueliano (tal vez se lo trajo de Midnight in Paris), convierte de buenas a primeras a un oficinista en una celebridad momentánea. Las otras dos historias, un triángulo amoroso y las aventuras por separado de una pareja de provincias, no enganchan lo suficiente a pesar de que Penélope Cruz echa el resto a lo jamón, jamón en su papel de donna, émula de Sofía Loren. Domenico Modugno y su Volare (Nel blu dipinto di blu) o el inconmensurable Arrivederci Roma lideran una estupenda banda sonora… En fin, algo ligero para el comienzo de este otoño, en el que todavía miramos de refilón al verano. Y bueno, que al fin al cabo, se trata de Woody Allen…

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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