Doble tsunami

Si la capacidad de un cineasta se mide por la facultad de emocionarte, por provocar empatía entre público y personajes, y por la irresoluta y férrea voluntad de sorprender, entonces Juan Antonio Bayona roza el sobresaliente en su segunda película, Lo imposible. El director catalán logra un auténtico tsunami de emociones -algo que podría hacer casi literalmente tras la cantidad de lágrimas dejadas por los espectadores que ya la han visto (y los que quedan)- en su particular visión sobre el terremoto que devastó la costa de Tailandia en diciembre de 2004. Los filmes de catástrofes, especialmente los de los últimos tiempos, devienen en un tótum revolútum de alardes y cabriolas técnicas, de gente corriendo despavorida y de héroes casi artificiales, y muy poco más. Bayona ha tenido la habilidad de ensamblar tecnología y sentimientos, de meter al público en la misma piel de los personajes, y eso a pesar de un claro inconveniente: contar una historia inspirada en hechos reales (la de una familia española que sobrevivió a la tragedia) y, por lo tanto, previsible a los ojos del espectador. En su acierto está en poner el foco en el superviviente que todos llevamos dentro, en individualizar -en el caso que nos ocupa- un doble sufrimiento: el de conseguir salvar la vida y el de la desesperada búsqueda de los seres queridos. Y así, de dentro hacia afuera, captar y visibilizar la verdadera dimensión del cataclismo sin renunciar por ello a herramientas básicas en este tipo de cintas. El director de El orfanato (primera película del cineasta) nos sumerge irremisiblemente en la narración, hace que casi duelan los impactos de la súbita e incontrolada corriente y nos agote el vaivén del remolino. Nos coloca en el punto de vista de la condición humana y en sus efectos más dramáticos, pero también en los más esperanzadores. En el debe de Bayona quizás se encuentre el desechar el relato como tal: con los nombres propios de los verdaderos protagonistas de la epopeya y no sajonizarlos. En cualquier caso, la protagonista, la siempre grácil Naomi Watts, está inconmensurable.

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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