Bajos vuelos

Washington, en uno de sus mejores papeles

Sorprendente cóctel compuesto de unas buenas dosis de Aeropuerto (y el resto de sus secuelas), Leaving Las Vegas y Días de vino y rosas, El vuelo (Flight) supone la vuelta al cine de carne y hueso -después de sus coqueteos con la animación- del realizador nacido en Chicago Robert Zemeckis (Tras el corazón verde, Regreso al futuro, Forrest Gump, Náufrago), con un producto original y de enorme carga dramática que tiene en el incombustible Denzel Washington a su mayor valedor, posiblemente en una de sus mejores interpretaciones. El filme, irregular pero entretenido, posee como principal activo el giro inesperado en que torna la historia: la de un piloto de líneas regulares pasado de vuelta (en todos los sentidos de la expresión) que salva de manera sorprendente a la inmensa mayoría de los pasajeros de un aparatoso accidente producido por un fallo mecánico, pero que, a pesar de su heroicidad y templanza, debe rendir cuentas por su adicción al alcohol y a la cocaína. Aunque desde ese punto de vista la propuesta resulta interesante, transita, tras un prometedor inicio, con ciertos altibajos, a los que se suma la impertinente manía de bastantes de las películas que este año asoman su cabeza por los Óscar de inflar innecesariamente el minutaje final de la cinta.

Dos grandes actores en liza

El vuelo regurgita dilemas morales y éticos, con personajes abyectos y sin escrúpulos como el del abogado de la compañía aérea afectada por el incidente (un sobrio pero efectivo Don Cheadle) y el propio representante del sindicato de pilotos (un convincente Bruce Greenwood); y escruta, tal de vez de manera escasamente batial, los tejemanejes que se cuecen alrededor de las investigaciones de ese calado. Por lo demás, se echa en falta un mayor desarrollo de determinadas interpretaciones, como la de la novia toxicómana del piloto, papel encarnado por una siempre interesante Kelly Reilly.

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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