Película bipolar

Una de las escenas de la película

El éxito de los géneros híbridos radica en la laxitud y en la habilidad de escaparse de los encorsetamientos y de los límites académicos, lo que suele desconcertar positivamente al espectador. Es el caso de las denominadas dramedias, que coquetean sin remisión entre ambos ámbitos aunque al final la balanza siempre se decante (para bien o para mal) de una parte. En El lado bueno de las cosas gana a los puntos la comedia romántica, a pesar de los fuertes rasgos dramáticos que la presiden y que en algunos instantes nos hacen dudar vivamente del camino que seguirá el filme. Y es que cada vez más nos gustan menos los estereotipos y sí las situaciones inusuales. David O. Russell (Tres reyes, The Fighter), que además de dirigir el filme firma el guión, ha sabido captar la atención con un caramelo de esos que, aparte de tener un envoltorio atractivo, poseen  un sabor variable, como un zumo multifrutas, en esta singular historia -basada en un relato corto de Matthew Quick– sobre un hombre con trastorno bipolar que quiere reconducir su vida después de pasar ocho meses en el psiquiátrico por un episodio violento tras hallar en la ducha a su mujer y su amante.

De Niro, en una de las escenas de la película

Esta cinta, que veremos en los premios Óscar, donde compite con ocho nominaciones, cuenta con un sorprendente e inusual Bradley Cooper, uno de sus elementos más sobresalientes, con una interpretación de altura que lo aleja de los papeles con cierto toque gamberro a los que nos tiene acostumbrados. Su actuación, junto a la prometedora Jennifer Lawrence, en la piel de una joven viuda que ayuda a exorcizarlo a través del baile, y, sobre todo, la de un resucitado De Niro (sin duda, de lo mejorcito que ha hecho en los últimos años), en la tesitura de un peculiar padre con un trastorno obsesivo-compulsivo, dan lustre a una película con un epílogo bastante previsible y edulcorado. El lado bueno de las cosas abunda en la sana sensación de que al final la cordura siempre es relativa en este mundo de marras, que parece que necesita de unas buenas dosis de desenfreno.

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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