Igual que el Gordo…

Repartiditos, como el último Gordo de Navidad, tanto que todos pillaron cacho (unos más y otros menos, pero todos tan contentos; bueno, a lo mejor Steven Spielberg no tanto). Era lo previsible, lo que dice mucho de las películas que participaban en esta edición caracterizada por la gran calidad de las producciones. Pocas sorpresas en la vertiente puramente cinematográfica (aquí ocurre a la inversa de la lotería: acertamos casi todo) y algunos premios merecidos, como el de mejor guión original a Quentin Tarantino por su excepcional Django desencadenado. Nuestro diseñador de moda, el lanzaroteño Paco Delgado, no pudo lograr el doblete (Goya y Óscar) porque Anna Karenina se lo quitó (mejor que fuera ella), en una ceremonia larga hasta decir basta que más se asemejó a una gala musical que a un acto para mayor gloria del cine en mayúsculas, y a la que sólo le faltó que Michelle Obama cantara desde la Casa Blanca un espiritual acompañada del coro de encorsetados uniformados que tenía detrás. ¡Ah!, por cierto, se me olvidaba. Mucho me temo que al tal Seth MacFarlane, conductor de la kilométrica velada y creador de la genial serie Padre de familia, no volveremos a verlo por el teatro Dolby de Los Ángeles, lo cual me parecerá una gran noticia. ¡Que vuelva Billy Crystal! Soy un clásico… 

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas ¿Qué opinas?

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