César debe morir

Una de las escenas del filme de los hermanos Taviani

Interesante ejercicio cinematográfico el pergeñado por los hermanos Paolo y Vittorio Taviani: una cárcel como escenario de la shakesperiana Julio César, y sus personajes, los propios presos. Drama dentro de otro drama, los octogenarios directores italianos juegan de modo sublime en César debe morir -que ganó el Oso de Oro en la Berlinale 2012– con la representación de una obra en la que se entremezcla el libreto del eterno autor inglés con las vivencias de los internos, y que se apuntala con el uso tenebrista del blanco y negro y los recursos inherentes al género documental. Actores aficionados pero curtidos en los avatares vitales más oscuros dan credibilidad a un texto que en su momento fue llevado a la gran pantalla de forma magistral por Joseph L. Mankiewicz, con Marlon Brando, Louis Calhern, James Mason y John Gielgud. En César debe morir, los Taviani (Padre padrone, Good Morning, Babilonia) rezuman frescura en una original propuesta que salta de la realidad a la ficción de manera natural, imbricando las dudas y los temores de los internos que participan en el montaje teatral con las tripas de los personajes que interpretan, todo remarcado con la fría y minimalista atmósfera carcelaria de la prisión de alta seguridad de Rebibbia, en Roma. Un filme -que podemos aún visionar en los Multicines Renoir Price, ese pequeño reducto para el cine independiente- lleno de fuerza y expresividad, y que viene a subrayar aún más lo que sabemos: la universalidad y atemporalidad de las obras de Shakespeare, ese enorme escrutador de la psique humana… Me quedo con la última frase del Casio de la película: “Desde que he conocido el teatro, mi celda se ha convertido en una cárcel”.

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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