Viajes Almodóvar

Vaya por delante que no soy un entusiasta almodovariano y que la mejor película del director manchego, al menos para el que suscribe estas líneas, sigue siendo Átame, con unos sublimes Antonio Banderas y Victoria Abril. Dicho esto, y antes de ponernos el cinturón, de colocar recto el sillón y de emprender el vuelo, sólo facturar una gran verdad, Almodóvar tiene una enfática y vívida virtud sobre otros realizadores: no deja indiferente a nadie. En Los amantes pasajeros ha vuelto a constatar esa querencia tan suya. Un filme que lleva su sello inconfundible de contar una rocambolesca historia -aunque no tan hilvanada como en otras ocasiones- y que falla estrepitosamente en lo que ha querido transmitir de la forma más explícita posible: una aerolínea, parte de su tripulación y de sus pasajeros, como metáfora de un país que entra en picado ante las turbulencias que nos amenazan. Está claro que Almodóvar se mueve como nadie transitando la inconsistente geografía humana de las pulsiones y de los sentimientos, envolviéndolos ora con caspa -cuando se tercia-, ora con ciertas dosis de sofisticación posmoderna, ora con gotitas de esa España cañí; sin embargo, fracasa cuando quiere ocupar otros espacios aéreos, en este caso cuando pretende aterrizar con gracia y sarcasmo en la pista del escrutinio de esta sociedad de la crisis. Y ese intento de zaherir la realidad actual como una caricatura se desvía del rumbo del esperpento y deviene en un auténtico vodevil, subrayado como tal por la icónica actuación musical de los tres azafatos y su particular versión de I’m so excited -posiblemente, lo mejor de la cinta-.

Para este viaje irregular, Almodóvar recluta a un buen puñado de sus actores preferidos, desde unos testimoniales e insulsos cameos de Banderas y de Penélope Cruz, hasta intérpretes ya curtidos en su particular estratosfera manchega. Da la impresión de que Almodóvar se deja llevar por las alturas y mira hacia abajo, acaso a su pasado, y se torna jodidamente irreverente con unos diálogos sueltos -marca de la casa-, pero aun así no consigue controlar el vuelo para que lo aplaudamos cuando tome tierra.

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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