Resucitando a Superman

Ya sé que estamos en una época propicia para humanizar a los superhéroes -sobre todo porque escasean entre tanto supermangante del maldito parné-, insuflándoles un halo ora introspectivo ora oscuro y despojándoles de paso -eso sí que es un acierto y un brindis al buen gusto- de cualquier atisbo kitsch, incluso hasta en la propia indumentaria, lo cual no resulta una empresa nada fácil… El hombre de acero sigue sin complejos esta tendencia metafísica y profunda tan acusada en los filmes de Christopher Nolan sobre el otro tótem de los cómics, Batman (no en vano comparten productor, el propio Nolan, y guionista, David S. Goyer). No diré que no me haya gustado la nueva revisitación de Superman dirigida por Zack Snyder, superior a todas luces al anterior y fallido intento de resucitar la franquicia, pero tampoco me produjo un entusiasmo inusitado, aunque sí creo que se han puesto los mimbres necesarios para que la saga se revitalice. Una casa siempre hay que empezarla por los cimientos y una película de este cariz se apuntala  -obviamente- por el personaje: el actor que iba a tener la encomienda de encarnar al primus inter pares de los superhéroes debía de ser escrupulosamente convincente y en este caso Henry Cavill lo ha sido, erigiéndose en un digno sucesor de Christopher Reeve. El hombre de acero incide en la madre -y padre- del cordero, es decir, en contar los orígenes alienígenas de Superman (para los kriptonianos Kal-El), y mostrar, a base de medidos flashback, su incomprendida infancia. Sin embargo, el filme, entretenido al principio, abusa en exceso de los palos que a diestro y siniestro se da el ínclito con sus paisanos voladores, escenas que recuerdan en demasía a los mamporros en plena urbe de la última de Los Vengadores (encima de la competencia tebeística, la Marvel) si bien sin tanta gracia -por cierto, falta mucho humor en este reinicio supermaniano, algo que era un santo y seña en la serie de Reeve-. Este hombre de acero de condición mística (para los de los paralelismos cristianos, en la peli tiene 33 años y pide hasta consejo a un sacerdote católico) y con padres con posibles (tanto el natural como el putativo, a la sazón Russell Crowe y Kevin Costner) cuenta con madera pese a que sus nuevos creadores cometen un sacrilegio parcamente enmendado: casi eliminan a su alter ego periodístico.

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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