El viaje terrícola de los Smith

A veces te arrepientes de ver una película justo cuando llevas menos de cinco minutos acomodado en la butaca. Es como esa sensación que te aflora con sudor frío cuando nada más empezar un partido de tu equipo del alma sabes que algo falla, que algo no anda bien: vamos que le va a caer la de Dios en forma de goles. After earth es el caso. Y he aquí que confieso que me metí en la sala en cuestión porque llegaba tarde a la película que realmente quería visionar y, bueno, ya que estábamos en la tesitura, pues… Y eso que barruntaba lo se me venía encima: la ventaja de los malos tráilers es que te ayudan a ahorrarte luego una pasta -cosa que aquí no ocurrió-. Will Smith se ha empeñado sí o sí en hacer actor a su hijo Jaden  -como aquellos progenitores con aires inquisitoriales que quieren a toda costa que su hijo sea un émulo de Messi o de Ronaldo- y creo que no cejará en su empeño, aunque para ello se invente de su puño y letra rocambolescas y frágiles historias como esta: la de un accidente de una nave espacial humana que cae en una Tierra evacuada mil años atrás por un desastre ambiental de proporciones bíblicas. De la tripulación solo quedan dos supervivientes, obviamente el padre (el comandante Cypher Raige, líder de los llamados Rangers Unidos) y su hijo (Kitai), además de un bicho sideral de malas babas. Esta fábula paterno-filial, dirigida por un cada vez más capitidisminuido M. Night Shyamalan -quién te ha visto y quién te ve-, con pueriles toques ecologistas y de moralina fácil, no capta ni al más despistado, en una especie de viaje iniciático con trasfondo de drama familiar no superado. Bostezos -igual era por las  intempestivas horas- y pocos sobresaltos en un filme vehicular para único -y frustrado- lucimiento de los Smith. Sentimentaloide, escasamente consistente y a todas luces previsible, y para más inri con un guión de risa. Como sugerí a un compañero de la casa que me preguntó insistentemente por esta cinta postapocalíptica: ni se les ocurra llevar a sus vástagos al cine, les odiarían el resto de su vida. Y no es cuestión…

Publicado el por Fran Domínguez en Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario