Galeno viajero

Ha tardado, pero ya llegó a las pantallas un bestseller con enorme querencia cinematográfica como El médico, que tanta fama a la par que parné ha proporcionado a su autor, el estadounidense Noah Gordon. La adaptación, siempre subjetiva -y restrictiva- cuando se trata de llevar literatura al cine, se ha hecho con dinero europeo, lejos de la Meca del Cine, aunque su factura resulta a todas luces hollywoodense. El médico presenta -y es de agradecer el esfuerzo- ese halo de cine de aventuras clásico, de toda la vida, de cinta de sobremesa, de sesión de tarde, aunque canta bastante el afán por condensar -muy líbremente, eso sí-  la obra de Gordon en una película de dos horas y media, con un mal uso de la elipsis en ocasiones -por mucho que se quiera acortar y agilizar el relato-. De lo más destacable de la película, dirigida por Philipp Stölzl, aparte de una buena fotografía, son las interpretaciones de Stellan Skarsgård y de un casi desconocido -por su caracterización- Olivier Martinez, en los papeles de barbero y de sha de Persia, respectivamente. Y, por supuesto, el siempre convicente Ben Kingsley, en la piel del médico y científico Ibn Sina (el célebre Avicena), quedando en un segundo plano el propio protagonista, Tom Payne (Rob Cole, sin la ‘J’ entre nombre y apellido, como se llama en la obra literaria) que ni se lo cree él ni lo hace creíble al respetable. Como vehículo de entretenimiento, el filme resulta pasable aun a costa de obviar algunas cuestiones, e incluso con moralina subyacente en el apunte de la intolerancia religiosa -de las tres grandes, ya saben: cristianos, judíos y musulmanes-. Le falta un pelín más de épica a este viaje épico de Inglaterra al Próximo Oriente en busca del conocimiento de la medicina.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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