Disparando por el monte

Fotograma de 'El último superviviente', filme bélico dirigido por Peter Berf. / UNIVERSAL PICTURES

Fotograma de la película ‘El único superviviente’, filme del género bélico                                           dirigido por Peter Berg. / UNIVERSAL PICTURES

El cine bélico, que tantas estupendas películas ha proporcionado -aunque uno siempre prefiera el amor a la guerra-, especialmente en la década de los 50 y 60 del pasado siglo, con artesanos solventes como Samuel Fuller o Raoul Walsh, sin obviar a las posteriores Apocalypse Now y Platoon, ha parido en los últimos años destacados e interesantes títulos como la spielbergniana Salvar al soldado Ryan, la intimista La delgada línea roja, la ambivalente visión de Eastwood sobre un mismo conflicto con Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima, incluso Black Hawk derribado, de Ridley Scott, o Enemigo a las puertas, de Jean-Jacques Annaud -seguro que me dejo en el cajón del olvido alguna cinta más-. No es el caso este de El único superviviente, del realizador Peter Berg (Very Bad Things, Hancock, Battleship), la nueva y fresca aportación al género, que si tenía como misión revitalizarlo, pues se ha quedado en un mero, vano e infructuoso intento. Si la casa se empieza por el tejado -como, por ejemplo, poner el título antes de escribir una noticia, una saludable recomendación en el periodismo en papel-, el principal inconveniente aquí deviene en la propia nomenclatura del filme, toda una declaración de intenciones y de obvio anticipo, aunque también es cierto que los hechos reales que narra (la misión de los cuatro Navy SEALS -cuerpo de operaciones especiales del ejército norteamericano- que quieren acabar con un jefe talibán escondido en un inhóspito paraje montañoso afgano) están basados en el libro del mismo nombre –Lone Survivor, en el idioma de Shakespeare-, escrito por Marcus Luttrell, a la postre el suboficial que sale vivo por los pelos y que en la cinta está interpretado por Mark Wahlberg. Con semejante alarde de precognición, la película, al margen de ensalzar el valor de los Navy SEAL, los tipos duros que son, su compañerismo a prueba de bomba y demás parafernalia patriota, ofrece pocas cosas dignas de reseñar. Lo mejor: la tensión fílmica que se genera en torno al enfrentamiento entre el comando y la horda de fanáticos y barbudos talibanes, con volteretas a la limón por esos montes de Dios. Mucha cámara en mano para realzar el realismo de la historia y alguna escena digna del Rambo más en forma. Entretenida y gracias.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario