Viajando con papá

'Nebraska', filme dirigido por Alexander Payne. / VÉRTIGO FILMES

‘Nebraska’ está protagonizada por Bruce Dern y Will Forte. / VÉRTIGO FILMS

Fue una de las pequeñas grandes delicias que concurrió en la pasada edición de los Óscar, un David entre tanto Goliat, un ejemplo de esas obras que merecen el reconocimiento en su conjunto más allá del lustre efímero de candidaturas y premios. Nebraska, el último filme del preclaro Alexander Payne (Entre copas, Los descendientes), supone un remanso de buen cine independiente en las siempre predominantes y gigantescas aguas comerciales de la industria cinematográfica norteamericana. Sencilla, sosegada, inteligente y ácida en ocasiones, esta introspectiva y otoñal road movie rodada en blanco y negro nos sumerge en una entrañable historia de amor, la que profesa un hijo (Will Forte) a su viejo y achacoso padre (Bruce Dern), por quien se embarca en un viaje a lo aparentemente infructuoso, a lo ilusorio de ir a recoger desde Montana a Nebraska un supuesto millón de dólares ganado por su progenitor en un sorteo, a pesar de tratarse de un mero truco publicitario. Payne, ganador de dos Óscar al mejor guión adaptado, nos transporta por el paisaje de un Medio Oeste desolado por la crisis, en el que habita gente que no tiene nada que hacer porque no hay nada que hacer. Es en ese vasto y frío territorio de la desesperanza y de la forzada cotidianidad, en ese destartalado mundo, donde el hijo va descubriendo poco a poco aspectos desconocidos de un padre exalcohólico y siempre distante. La parada y estancia en el antiguo pueblo paternal a causa de una reunión de la familia, en la que enseguida salen a relucir viejas deudas pecuniarias ante la creencia -falsa a la postre- de la inminente llegada de caudales, revierte la primigenia pena del vástago hacia su anciano padre, reciclándola en retazos de admiración. Payne juega de manera genial con conceptos y estados como la vejez, la esperanza y la dignidad. Una comedia dramática que no hay que perderse, en la que además de la magistral actuación -pese a la parquedad oratoria del personaje- de Bruce Dern (Danzad, danzad malditosNaves misteriosas, El gran Gatsby) destacan las interpretaciones del cómico Will Forte, como sufrido hijo, y de la sin par June Squibb, como sublime madre cascarrabias y deslenguada.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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