Guerreando por Grecia

Y volvieron los cachas griegos a enfrentarse con los pérfidos persas. Ya tenemos en la gran pantalla -y parece que con la aquiescencia del público, a tenor de los datos de espectadores- a 300: El origen de un imperio, un desafortunado y poco adecuado título, dicho sea de paso, para una secuela-precuela o como la quieran llamar de 300, la primera de esta particular, caleidoscópica y distorsionada serie sobre las Guerras Médicas que bebe de las novelas gráficas de Frank Miller. Si hace siete años la neumática épica espartana en las Termópilas estuvo dirigida por Zack Snyder, en este filme que nos lleva desde la batalla de Maratón a la de Salamina le ha tocado el turno detrás de las cámaras al novato Noam Murro (solo ha hecho una película: la comedia Gente inteligente), aunque Snyder -enfrascado otra vez en la segunda parte del rejuvenecido Superman- no se ha descolgado del todo del proyecto al ejercer de guionista. En la presente entrega, el grueso de la narración recae en la figura del estadista y general ateniense Temístocles (Sullivan Stapleton) y en su encarnizada lucha contra la invasión persa, con el ínclito Jerjes (Rodrigo Santoro, de nuevo en el papel de rey persa-drag) y, sobre todo, con la sátrapa Artemisia (un personaje también real, si bien aquí maleada debidamente para mayor gloria del personaje interpretado por la siempre atractiva Eva Green) como ilustres contrincantes. No faltan a esta nueva cita con el hiperrealismo muscular Gorgo, la esposa del maltrecho rey Leónidas, otra vez en la piel de Lena Heady (la rubia Cersei Lannister, la mala malísima de Juego de Tronos), el fiel lugarteniente espartano Dilios (David Wenham) y el deforme traidor Efialtes (Andrew Tiernan). Pese a reflejar la misma estética y presupuestos formales, se trata de un filme bastante inferior a 300: carece de la fuerza y de la estructura narrativa de su antecesora. La cinta se pierde un poco a la hora de engarzar y de homogeneizar una trama que abarca un decenio del siglo V a.C. (490-480) y que se empeña en hacer de Temístocles un trasunto de Leónidas cuando no lo es ni histórica ni cinematográficamente. En definitiva, un producto  audiovisual correcto, del que se podía haber sacado mucho más partido. Habrá que esperar pues al desenlace final de las cuitas entre helenos y medos.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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