Hotel sin reservas

Wes Anderson posee una concepción visual que te atrapa tanto como sus sencillas pero a la vez disparatadas y corales historias. Su cine recuerda -y recuerda mucho, por poner un cercano referente cinematográfico- al del francés Jean-Pierre Jeunet, responsable de cintas como Delicatessen, Amélie y Largo domingo de noviazgo, especialmente por su frenético ritmo narrativo y por su firme compromiso con la creatividad estética. Anderson estrenó hace apenas dos años una fresca y encantadora película, de nombre Moonrise Kingdom, sobre un peculiar idilio preadolescente. Ahora, con los mismos presupuestos formales, el actor y director estadounidense traza un deslumbrante fresco -con algunos ribetes sórdidos- que tiene como génesis un establecimiento hotelero en la imaginaria república centroeuropea de Zubrowka. Tres estratos narrativos, correspondientes a otras tantas épocas, para glosar un loco y embriagador cuento de entreguerras, El Gran Hotel Budapest, que gira en torno a la amistad de Gustav H., un taimado y esnob conserje que se pirra por mujeres varios pasos más allá de la madurez, en la piel de un genial Ralph Fiennes -con una desconocida vis cómica-, y en su protegido, un joven botones inmigrante de nombre Zero -interpretado por Toni Revolori-. Anderson destila en su nueva obra humor negro e inteligente, aunque también comicidad tierna y optimista, con una cuidadísima puesta en escena -uno de sus rasgos identitarios-, sustentada en un elenco de conocidos actores -otro de sus sellos-, que van desde el propio Fiennes hasta F. Murray Abraham, Jude Law, Tilda Swinton y Edward Norton, pasando por Adrien Brody, Tom Wilkinson, Jeff Goldblum y Willem Dafoe, quien, por cierto, impregna genialidad en su inquietante y pérfido personaje, nacido de la retorcida mezcla de una especie de agente nazi y de un oscuro vampiro -esos dientes-, puro homenaje al expresionismo germano. Wes Anderson, además de la querencia al tebeo clásico en su concepción fílmica, toca varias teclas de la cultura europea de la primera mitad de la pasada centuria. Sin ningún atisbo de duda, un hotel muy recomendable para reservar plaza y quedarse al menos un par de entretenidas horas.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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