Chaparrón bíblico

No sé si por eso de que las modas van y vienen o porque las ideas originales permanecen en el limbo de la creatividad, pero lo cierto es que Hollywood se está fijando de nuevo en la cosa bíblica  -por otra parte, fuente de inspiración desde que el invento de los Lumière empezó a cuajar-, si bien espero que esta renovada tendencia no resurja con el furor de los años 50 (Moisés-Charlton Heston bajando del Sinaí con el pelo blanco hasta las cejas, por poner un ejemplo que pone los pelos de punta…). Por lo pronto ya están aquí Noé, la particular y personal visión antediluviana -y diluviana- de Darren Aronofsky; y por el horizonte se atisba Exodus, la épica marcha del pueblo judío del Egipto faraónico, dirigida por Riddley Scott y rodada parcialmente en tierras de Fuerteventura. En cuanto a Noé, que no se espere el respetable ávido de historias del Antiguo Testamento un gran chaparrón de cine, si acaso una pequeña tormenta. El filme de Aronofsky resulta irregular a todas luces. Su apuesta por un retrato psicológico de Noé -tan en la línea del cineasta-  se queda a medias y se diluye por el sumidero. La primera parte de la película deviene, tras un esperanzador inicio, en una decepción absoluta -al menos para el que suscribe- por el planteamiento de la historia -a pesar de imágenes sugerentes y espirituales a lo Terrence Malick, aunque aquí desde una capciosa visión creacionista- y por qué no decirlo: por esos ángeles caídos en forma de gigantescos bichos de roca que se parecen más al hombre de piedra de La historia interminable que a otra cosa y que restan “seriedad” a la narración. Aronofsky gana terreno en el segundo tramo del filme, ya todos embarcados dentro del arca, y en la que surge un dubitativo, introspectivo y violento Noé, con una más que correcta interpretación de Russell Crowe, a la que se une la siempre brillante y atractiva Jennifer Connelly, y una Emma Watson que tiene visos de lograr cotas más altas si sigue por el camino adecuado, los tres de lo mejorcito de la cinta. Si se trata de  elegir un trasunto cinematográfico de ese personaje bíblico, nieto de Matusalén y padre de Sem, Cam y Jafet -uno, que estudió en un colegio de curas-, me quedo con el interpretado por John Huston en 1966 en La Biblia, mucho más cachondo y divertido, o incluso si me apuran con el torpe Noé contemporáneo de Sigo como Dios.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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