Dignidad desde el vertedero

Stephen Daldry dirige 'Trash, ladrones de esperanza'. / UNIVERSAL

Stephen Daldry dirige ‘Trash, ladrones de esperanza’. / UNIVERSAL PICTURE

Cuando vean Trash, ladrones de esperanza, el nuevo filme de Stephen Daldry (The reader, Billy Elliot, Las horas), se les pasará a buen seguro por la cabeza películas como Slumdog Millionaire (Danny Boyle, 2008) o Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, 2002), que tienen como hábitat común la más absoluta marginalidad, de la que emanan historias con jóvenes como protagonistas. Trash, ladrones de esperanza cuenta las peripecias de tres preadolescentes que viven en las favelas de Río de Janeiro y que encuentran en un vertedero una cartera por la que se ofrece una generosa recompensa y que guarda un secreto relacionado con la política. Un argumento atractivo para una cinta que no deja de ser un producto correcto, entretenida y con un gran ritmo, acompañada de una potente y variopinta banda sonora, pero al servicio del más puro buenismo final, en una sociedad, en este caso la brasileña, que como todas necesita cada vez más de héroes, aunque sean menores indignados, que se rebelen contra lacras tan globales y actuales como la corrupción. En este camino de denuncia, Daldry enfatiza en demasía su mensaje optimista contra el poder establecido, en contraposición al vívido retrato con el que refleja el estado de miseria y extrema pobreza en el que pulula una parte de la ciudadanía en ese país. La trama se sustenta en el trío protagonista (Rickson Tevez, Eduardo Luis, Gabriel Weinstein), novato en esto de la interpretación, que insufla credibilidad y frescura a la película, y en los que los papeles secundarios, sobre todo los de Rooney Mara y Martin Sheen -en los roles de una cooperante  estadounidense y de un cura comprometido con los desfavorecidos-, son fácilmente prescindibles, a excepción del actor brasileño Selton Mello, en la piel de un cínico policía corrupto. Trash, ladrones de esperanza funciona bien como fábula con moraleja edulcorada, e incluso pone el dedo en la llaga con su mensaje de crítica social, teniendo en el horizonte cercano los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, si bien le falta una pizca de condimento para que el plato salga redondo y llene al espectador.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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