Más guerrero que profeta

Christian Bale es Moisés en 'Exodus: dioses y reyes'. / EUROPA PRESS

Christian Bale es Moisés en ‘Exodus: dioses y reyes’. / EUROPA PRESS

Teniendo en cuenta que es difícil superar a Charlton Heston bajando del Sinaí, canoso hasta las trancas -supongo que eso de ver in situ a Dios tiene sus consecuencias capilares-, ya saben, la mítica Los Diez Mandamientos (1956) de Cecil B. De Mille, la revisitación propuesta por Ridley Scott, Exodus: dioses y reyes, sobre el líder hebreo Moisés tiene su impronta. Scott al menos sabe a lo que juega: combinar con acierto el espectáculo épico con devaneos introspectivos, en este caso de uno de los personajes bíblicos más carismáticos; y más si lo comparamos con el otro producto del Antiguo Testamento que llegó a la gran pantalla hace unos meses, el decepcionante Noé de Darren Aronofsky. Scott ha articulado bien una trama archiconocida, y la ha moldeado, tal vez con escasa talla emotiva, adaptándola a nuevos públicos -con un grandilocuente preámbulo: la batalla contra los hititas-; incluso, pese a ser una historia religiosa, la ha “naturalizado” en aquellas cuestiones que podía: las plagas que azotaron el Egipto bíblico -casi a modo del documental Éxodo descodificado (2006), producido por James Cameron-, y la “apertura” del Mar Rojo (a causa de un meteorito), por cierto, la playa de Cofete, en Fuerteventura. Christian Bale, un actor que cada vez sube un escalón más, logra un Moisés creíble,  muy por encima de su partenaire interpretativo, Joel Edgerton, en el papel de Ramsés (un personaje muy poco trabajado en el guión), y en el que destaca también, aunque de manera casi tímida la actriz española María Valverde, en la piel de Séfora, esposa de Moisés. Y es que la película gira en exclusiva en torno a la figura del profeta y su cometido liberador, en la que los secundarios parecen casi impostados -a diferencia de otras versiones, como la del citado De Mille, en la que actores de la talla de Yul Brynner o Edward G. Robinson disponían de mayor peso-, tal es el caso aquí -contrario- de Aaron Paul (Josué), Ben Kinsgley (Nun) y Sigourney Weaver (Tuya); eso sí, con la impagable curiosidad de ver a John Turturro ejerciendo de faraón (Seti). La película logra entretener durante la mayor parte de los nada desdeñables 151 minutos de metraje -lo que es verdaderamente loable-, aunque el epílogo deja bastante que desear, pasando de soslayo por los capítulos postreros del Éxodo (uno de los cinco primeros libros de la Biblia). Se ve que la travesía del desierto no le interesaba mucho a Scott.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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