Fantasía entretenida

Cartel del filme fantástico 'El séptimo hijo'. / DA

Cartel de filme ‘El séptimo hijo’. / DA

Las fechas navideñas, ya superadas afortunadamente para nuestro mermado bolsillo, resultan propicias para las películas a mayor gloria del cine de evasión, y que tienen en el género fantástico su máximo exponente. Eclipsada por el epílogo de El Hobbit, la cartelera ha contado -y cuenta aún- con otro título, El séptimo hijo, un blocksbuster como mandan los cánones que ha pasado un tanto desapercibido y que, dicho sea de paso -todo hay que mentarlo-, acabé por visionar gracias a la equivocación de los horarios de la página web de uno de los cines en donde se exhibe -iba a ver otra, lo admito-. La cinta es la adaptación cinematográfica de la primera novela de la saga escrita por el autor británico Joseph Delanay, que narra las peripecias de Tom Ward, un veinteañero que a la sazón es un séptimo hijo de un séptimo hijo, algo que, al parecer, por ese mundo imaginario deviene en condición sine qua non para dedicarse al noble oficio de combatir las malas artes de la magia negra, y de paso luchar contra demonios, dragones, brujas y bichos raros, y lo que se le eche por delante, que no es poco. Con el cabreo por lo del horario equivocado (esas páginas web las carga el diablo), mi predisposición era la de poner a parir el filme de arriba a abajo y de un lado a otro; sin embargo, debo confesar que me retracte de quemarlo en la pira de la más absoluta indiferencia. Sin llegarme a maravillar ni mucho menos -ya pocas cosas maravillan-, El séptimo hijo es una película entretenida -firmada por Sergey Bodrov-, con el metraje justo -no se van a pegar tres horas en la butaca-, sin grandes alharacas narrativas -sencillez a raudales-, y que a falta de unos efectos especiales del copón, se sustenta en un elenco solvente  -aspecto en el que sí se nota que se gastaron las perras-, encabezado por el incombustible Jeff Bridges -una especie de El Nota medieval (por lo de El gran Lebowski ) en el papel de maestro de espectros- y por la siempre atractiva Julianne Moore, una hechicera muy chic pero con bastante mala leche. Todo ello subrayado por una correcta banda sonora, obra de un seguro en estas lides: Marco Beltrami. Tal y como se sugiere en las postrimerías de la cinta, El séptimo hijo tiene visos de continuidad, aunque me temo que su recorrido no será muy largo que digamos…

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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