Con el traje de espía

Imagen de una de las escenas de 'Kingsman', dirigida por Matthew Vaughn. / FOX

Imagen de una de las escenas de ‘Kingsman’, dirigida por Matthew Vaughn. / FOX

Las películas de espías y de agentes secretos ya cuentan con una nueva franquicia para mayor gloria de la causa: Kingsman. Para situarnos en contexto, esta enésima aportación al género bebe de un cómic de Mark Millar, guionista de Kick Ass, el aplaudido filme sobre un adolescente superhéroe-antihéroe, cuyo director, Matthew Vaughn, es el mismo de Kinsgman, por lo que la presente cinta intenta seguir idéntico camino revisionista y desmitificador de géneros, aunque el resultado no sea aquí tan contundente. Kingsman es el nombre de una secretísima agencia internacional fundada originalmente por sastres  -ahí es nada-, con el objetivo de velar por la seguridad del mundo mundial, que tiene que reclutar a nuevos miembros y que se enfrenta, cómo no, a un malo malísimo. Un argumento sencillito y sin grandes alharacas narrativas para una película en la que vamos a ver -no lo duden- muchas películas, desde la saga de James Bond -citado explícitamente-, hasta las cintas de Flint -el espía desenfadado y mujeriego interpretado por el inolvidable James Coburn, sin obviar a la sofisticada serie televisiva Los vengadores -los paraguas y los elegantes trajes como principales acreedores-, e incluso a la propia Spy Kids. Un cóctel bien mezclado -que no agitado- del que sale este producto que ha contado en su elenco con Colin Firth -muy apropiado para el papel- en la piel de un veterano y estirado agente con ínfulas de mentor del hijo de un compañero fallecido, y un villano posmoderno y megalómano -como debe ser en estas lides- y negativamente ecologista que lleva el nombre de Samuel L. Jackson, acompañados ambos de actores tan solventes como Michael Caine -al que le sienta tan bien este tipo de filmes- y Mark Strong. Canalla a veces, provocadora y divertida en ocasiones, trufada de violencia no contenida, y con abierta vocación de parodia, no sorprende en su concepción debido a los clichés imperantes, pero sí logra entretener, al menos durante buen rato de su metraje, aunque su exagerado carácter poliédrico nos aturda un poco. Kingsman ha nacido con visos de quedarse a tenor de lo observado. ¿Aguantará otro asalto?

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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