Futuro, optimismo, Disney…

George Clooney y Britt Robertson protagonizan 'Tomorrowland: el mundo del mañana'.  / DISNEY

George Clooney y Britt Robertson protagonizan ‘Tomorrowland: el mundo del mañana’. / DISNEY

Un futuro mejor, con las personas más adecuadas para confeccionarlo. No es un eslogan publicitario -ni político, líbrenme los dioses en estos agitados días poselectorales- y viene a resumir sucintamente lo que expele Tomorrowland: el mundo del mañana, la última propuesta de la factoría Disney para enganchar al público familiar -y a fe que lo está consiguiendo a tenor de los primeros datos de la taquilla-. El filme, que narra las peripecias de un niño, luego hecho hombre con el inefable careto de George Clooney (no nos engañemos, lo que muchas madres -y padres- desearían para sus vástagos), y de una inquieta e inteligente jovencita (Britt Robertson), ambos elegidos para la gloria en un universo ideal encajado en algún lugar del espacio y el tiempo, está dirigido por un tipo no menos brillante llamado Brad Bird, artífice de sobresalientes cintas de animación como Los increíbles y Ratatouille, y de la última entrega hasta la fecha de la saga de Misión Imposible -la del Protocolo Fantasma, ya saben, Tom Cruise escalando como un desaforado el imponente Burj Khalifa-. La película arranca con buenas maneras, incluida una adecuada dosis de intriga, y poco a poco va adquiriendo un alto tono de interés para luego, como una de esas montañas rusas que proliferan en los parques temáticos de Disney, deslizarse en un ligero pero constante descenso -al menos no hasta los infiernos- que apenas repunta luego, posiblemente por esa maldita manía de querer superar las dos horas y pico de metraje. Bird esboza un producto con una enorme creatividad, aunque al avezado espectador se le pasará por la testa algunos destellos -velados o no- de películas -de otras hechuras y otros contextos, eso sí- como Exploradores (1985), la segunda cinta de Regreso al futuro (1989) o Inteligencia Artificial (2001), por citar solo unas cuantas. Tomorrowland, rodada en parte en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, destila un mensaje que resalta el esfuerzo y el optimismo, muy propio del Disney más puro, todo trufado de cantidades ingentes de buenismo -hasta los malos son de perfil bajo-. Es lo que toca.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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