En modo catástrofe

Una de las imágenes del filme 'San Andrés'. / WARNER BROS.

Una de las imágenes del filme ‘San Andrés’. / WARNER BROS.

Mira que nos gusta ver sentaditos en el cine al personal sufriendo a diestro y siniestro. Las películas de catástrofes -en cualquiera de sus modalidades apocalípticas-, que tuvieron su eclosión en la década de los 70 de la pasada centuria, siguen llegando cada cierto tiempo a las carteleras; la última de este cariz -en la que priman los fenómenos naturales- que me viene a la memoria fue 2012 (Roland Emmerich), en plan fin del mundo y con leyenda maya de por medio, quitando, porque evidentemente tiene otros registros -artísticos y reales-, a la hiperemocional y excelsa Lo imposible (J. A. Bayona). San Andrés, la nueva aportación al subgénero, dirigida por Brad Peyton, cumple con lo que se espera de este tipo de filmes: gran impacto visual, un nutrido fasto de efectos especiales (el ordenador funciona cada vez más y mejor), ritmo frenético, diálogos parcos y previsibles, dudosa calidad interpretativa… San Andrés toma el nombre de la imponente falla geológica que atraviesa esa California salpicada de nombres españoles, fruto de la herencia hispana alentada por los misioneros franciscanos -con fray Junípero Serra a la cabeza-, y causante de los terremotos más devastadores en la región. Como producto para mayor gloria del entretenimiento y de la evasión, la cinta funciona a las mil maravillas, aunque el argumento sea un tanto flojo a la par que sencillo: en el discurrir del  terrible suceso y sus réplicas, un piloto del servicio de emergencias (Dwayne Johnson la Roca) y su exesposa (Carla Gugino) se desplazan por aire, tierra y mar desde Los Ángeles a San Francisco en busca de su hija (Alexandra Daddario, la nueva novia de América) -y cómo no, la encuentran-. Mucho artificio técnico, en la que no faltan los científicos proféticos -aquí, un Paul Giamatti metido a sismólogo- y hasta el ilustre cameo de Kylie Minogue, todo con toque de final feliz, banderita-ahora que están de moda- del país incluida- y moraleja patria: por mucho que nos golpeen, nos levantaremos… Es verano y ya saben, no hay que ponerse estupendos para echarte unas cotufas y estirarte en la butaca.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Noticias, Opinión ¿Qué opinas?

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