Estado de golpe(s)

Fotograma del filme 'Golpe de Estado'. / EUROPA PRESS

Owen Wilson es el protagonista de ‘Golpe de Estado’. / EUROPA PRESS

Pese a su evidente título en castellano, Golpe de Estado tiene poco, por no decir nada, de filme político (No escape, su nombre original en la lengua de Shakespeare, como siempre, representa mejor la temática que propone). Sin embargo, haciendo bueno el mentado despropósito nominativo, más bien podría haberse titulado Estado de golpe (s) por los continuos mamporros que pega y a los que se somete el protagonista, el rubiales de Owen Wilson, que encarna aquí a un ejecutivo de una empresa dedicada a la depuración de aguas, a quien envían junto a su mujer y a sus dos hijas pequeñas a un país indeterminado del Sudeste Asiático, donde se topan de bruces con una rebelión interna, en la que todo lo que huela a extranjero está en el punto de mira de los insurgentes, lo cual no es moco de pavo. No crea el lector -si se anima a ser espectador- que va a ver ni por asomo un thriller con trasfondo histórico al estilo de Desaparecido (1982), la genial película de Costa-Gavras ambientada en el Chile pinochetista, ni siquiera un producto de quilates como Argo (2012), el oscarizado filme de Ben Affleck que mira al Irán de Jomeini. Se trata, por supuesto, de algo más de andar por casa, donde el golpe de estado perpetrado por una suerte de guerrilleros urbanos con mucha mala leche deviene en excusa para esta previsible película de acción sin grandes pretensiones narrativas, que tiene al menos, todo hay que decirlo, puntuales momentos de tensión, y por ende de cierto interés, que de la misma manera se diluyen como un azucarillo, especialmente tras dos deus ex machina seguidos, lo que resta fuerza -y credibilidad- a esta cinta dirigida por John Erick Dowdle. A Owen Wilson, con más querencia a la comedia que a estas lides pseudodramáticas, le acompaña un ya achacoso e impostado Pierce Brosnan, cuyo pueril y escasamente elaborado argumentario -esos guionistas- sobre el supuesto origen del descontento local a causa de la opresión occidental es de lo más gracioso de esta película con clara y sentida vocación palomitera.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario