Aquí, un amigo

Ricardo Darín y Javier Cámara son los protagonistas de 'Truman'. / EUROPA PRESS

Ricardo Darín y Javier Cámara son los protagonistas de ‘Truman’. / EUROPA PRESS

¿Qué es la amistad? Probablemente haya cientos de respuestas para esta pregunta, aunque tal vez la más acertada sea la de respetar sin ambages a la otra persona y sus decisiones, nos gusten o no. Así de sencillo, así de difícil. El director catalán Cesc Gay (Una pistola en cada mano, V.O.S., En la ciudad) reflexiona sobre esta cuestión, sublimada bajo el contexto de un próximo fallecimiento, en la excelente Truman -que huele a Premios Goya-, todo un carrusel de emociones contenidas (o no) en torno a dos viejos amigos que se reencuentran tras muchos años sin verse a causa de la enfermedad -a la postre terminal- de uno de ellos. La amistad es el medio y el fin de esta cinta hormigonada casi a prueba de bomba en los excelsos papeles de Ricardo Darín y Javier Cámara, no en vano recibieron ex aequo la Concha de Plata a la mejor interpretación en el pasado Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Se podría decir que contando con tales actorazos es fácil dibujar una película de estas características, pero sería injusto capitidisminuir así de simple el trabajado guión y la puesta en escena de este drama con tintes de comedia o esta comedia con tintes dramáticos -según cómo veas la vida-. El toque de humor ¿negro?, entre ácido y cínico, garabateado con el acento argentino que proporciona el personaje de Julián (Ricardo Darín), un veterano, canalla y mujeriego actor teatral, y la cara de perplejidad permanente de Tomás (Javier Cámara), un tranquilote español de la diáspora, profesor universitario en Toronto, ante las acciones testamentarias del primero, esbozan un fresco lapidario de la soportable levedad de la existencia, tomando Madrid como particular telón de fondo (con un efímero cambio de decorado -léase Ámsterdam-). Truman, en realidad el nombre del viejo perro de Julián, metáfora del amigo fiel, deviene en un canto -sin ningún atisbo de sentimentalismo ramplón- a la lealtad y también a la vida, y desde luego una buena, eficaz y muy recomendable medicina para relativizar lo que resulta inevitable: que tarde o temprano la parca nos vendrá a visitar.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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