Un puente bien construido

Tom Hanks protagoniza 'El puente de los espías'. / FOX

Tom Hanks protagoniza ‘El puente de los espías’, la nueva película de Steven Spielberg. / FOX

La vuelta del Rey Midas de Hollywood siempre es una gran noticia, y más si lo hace por la puerta grande, aunque ya eso de convertir en oro todo lo que toca parece cosa del pasado. Steven Spielberg regresa a la pantalla después de su biopic de Abraham Lincoln -en 2012- con El puente de los espías, filme brillante e inteligente -ahí está el libreto firmado por Matt Charman y los hermanos Cohen-, en el que demuestra una vez más sus enormes dotes de narrador, con una expeditiva puesta en escena y un dominio absoluto del lenguaje cinematográfico, remarcado con la sublime fotografía del polaco Janusz Kaminski. Spielberg despliega sobre el tapete y como alegato la defensa a ultranza de la legalidad en su país, en un contexto de plena ebullición de la Guerra Fría con una CIA pragmática e implacable como contrapoder -antes y ahora-, y donde la bandera de las libertades, enarbolada por el abogado James B. Donovan, en la figura de uno de sus actores fetiche, Tom Hanks, se erige como elemento diferenciador frente a la Unión Soviética, su contrincante al otro lado del telón de acero. Con el añejo sabor de las películas de espías, aunque en realidad no lo es en stricto sensu, Spielberg traza sobre unos hechos reales un verdadero thriller político, dotándolo de elementos de suspense que a ratos recuerdan a Hitchcock -también caben aquí como referencias otros directores de la época clásica- en filmes de parecida temática, como Cortina rasgada (1966) o Topaz (1969). Hanks, émulo contemporáneo de James Stewart en su papel de héroe tranquilo, y en el caso que nos ocupa un Atticus Finch de altos vuelos, interpreta al íntegro letrado que lucha contra el establishment para dar una salida garantista a su incómodo cliente, el espía soviético Rudolf Abel -un genial Mark Rylance-, cazado por el FBI en pleno Brooklyn, tesitura que luego le llevará a desempeñar el papel de avezado mediador en un intercambio de agentes secretos entre Estados Unidos y la URSS en el complicado Berlín de posguerra. Precisamente, las escenas en la ciudad germana, justo en el momento de la construcción del muro de la vergüenza, resultan las más vibrantes de un conjunto en el que no faltan las comedidas notas de humor y que comienza con una magistral secuencia, digna del maestro que es Spielberg. Vayan a verla.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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