No mires hacia abajo

Fotograma de la película 'El desafío', de Robert Zemeckis / SONY

Joseph Gordon-Levitt interpreta al equilibrista francés Philippe Petit en ‘El desafío’. / SONY

Cada cual tiene sus sueños en forma de retos, algo bastante respetable por otra parte, faltaría más. Sin embargo, hay gente que pone el listón muy pero que muy alto, tanto como los más de 400 metros que medían las trágicamente desaparecidas Torres Gemelas. Es el caso de Philippe Petit, el célebre equilibrista francés, que allá por el verano del año 1974 cruzó ni corto ni perezoso -y con nocturnidad, premeditación y alevosía- por encima de un fino alambre la distancia en altura que separaba a los dos colosos neoyorquinos, ante la atenta mirada de cientos de curiosos viandantes y de la enfurecida Policía en la bulliciosa Manhattan. Tal vertiginosa hazaña, contada en el libro Alcanzar las nubes -desde luego, un más que acertado título-, fue llevada a la gran pantalla en forma de documental por el cineasta británico James Marsh, que logró con su adaptación, llamada Man on wire, el Óscar en 2008. Así que era cuestión de poco tiempo que un material tan cinematográfico se tratara de nuevo, y que mejor que uno de los grandes del blockbuster, Robert Zemeckis (Regreso al futuro -I, II y III-, ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, Forrest Gump, Beowulf), para encargarse de dar forma a tamaña misión. El desafío (The walk) se explaya, al socaire de los alardes y efectos técnicos digitales (que ya le habrían gustado a don Alfred Hitchcock para enfatizar su Vértigo), en el puro compromiso con el espectáculo visual, firma indefectible del propio Zemeckis. Petit, interpretado por un convincente Joseph Gordon-Levitt -a quien acompañan en el reparto Charlotte Le Bon y Ben Kingsley-, cuenta en primera persona, subido desde un púlpito inusual: lo alto de la Estatua de la Libertad, su sueño y el origen de sus motivaciones en pos de la consecución del aventurero reto. Zemeckis esboza una película entretenida -que es de lo que se trata al fin y al cabo-, especialmente en su segunda parte, a pesar de que sabemos de antemano el resultado final, y no defrauda al narrar los detalles de cómo se tramó una peripecia digna de un personaje que parece estar lejos de la cordura y cerca de la genialidad. El desafío quita el hipo y logra que el espectador se aferre a la butaca, no sea que caiga al vacío en lugar del funámbulo. Desde luego, una cinta ideal para quien no tenga mal de altura.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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