‘Remakeando’

Edgar Ramírez y Luke Bracey protagonizan 'Point Break (Sin Límites). / POINTBREAKMOVIE.COM

Edgar Ramírez y Luke Bracey protagonizan ‘Point Break (Sin Límites). / POINTBREAKMOVIE.COM

A Hollywood no se le va del todo esa pulsión que tiene cada cierto tiempo de hacer remakes. Con escasas y puntuales excepciones, el remake no suele mejorar el original como tampoco nunca segundas partes fueron buenas (ya sé lo que piensan, El Padrino II y demás…), por lo que la mayoría de las veces es mejor ahorrar dinero y esfuerzos y darle más a la imaginación y menos a la nostalgia mal entendida… El rollo macabeo previo viene a cuento por la presencia en la gran pantalla de Point Break (Sin Límites), a la sazón nueva versión de Le llaman Bodhi (titulada así por los lares patrios), una de las películas de acción más populares de los años 90 y que estaba liderada por una estrella rutilante de la época, el Patrick Swayze pos Dirty Dancing y Ghost, y por otra emergente, el Keanu Reeves pos Las amistades peligrosas. La cinta en cuestión, dirigida por Kathryn Bigelow, quien ya apuntaba maneras y que ganaría el Óscar años después por la espléndida En tierra hostil, devino en un celebrado filme, con un ritmo trepidante en el que el surf ocupaba un espacio relevante en la trama -aunque para los amantes de este deporte siempre quedará por delante El gran miércoles-. La actualizada Point Break ni siquiera se acerca a su predecesora, más allá de alguna que otra escena con ínfulas de trepidante -nada que no hayamos visto en Al filo de lo imposible-, especialmente la que abre la película -y ahí se quedan las expectativas-. Pese a cambiar un poco las claves de la historia (trasfondo místico-ecologista en las motivaciones de la minibanda de delincuentes), la internacionalización de los espacios geográficos (desde Francia hasta Venezuela, y más allá) y el hecho de abarcar, aparte del surf, deportes de generosa adrenalina, el producto resultante, que firma Ericson Core, no engancha en absoluto. Los protagonistas del cotarro, Édgar Ramírez (el mentado Bodhi) y Luke Bracey (el párvulo agente del FBI Johnny Utah) no tienen el carisma de sus ilustres antecesores, mientras que la supuesta partenaire, Teresa Palmer, actúa como si pasara por allí. Core se limita a tunear y actualizar el asunto con los tiempos que corren: bastantes deportes de riesgo, YouTube, fiestita hippie-pija, y para coronar, final tipo La tormenta perfecta. En fin, me quedo con la primera y con las caretas de Carter, Nixon y Reagan -solo con las caretas, eh-.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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