Western con ventisca

Fotograma de 'Los odiosos ocho', la nueva película de Tarantino. / EONE

Kurt Russell y Samuel L. Jackson, dos de los protagonistas de ‘Los odiosos ocho’. / EONE

Una hora y media -sí, lo que oyen- tarda en escucharse el primer disparo en Los odiosos ocho. Para un western que se precie resulta bastante extraña tal dilación temporal a la hora de desenfundar un arma. Sin embargo, teniendo detrás de las cámaras a Quentin Tarantino todo es posible. Aun así, que nadie se lleve al menor de los engaños: el paroxismo de violencia marca de la casa llegará a su cita y con tintes gore, además. Tarantino siempre sorprende y eso queridos amigos resulta un plus cada vez más valorado en la enlatada cinematografía actual. Como rezuma cine por todos lados, el guionista y director nacido en Tennessee lo vomita de manera complaciente en cada uno de sus trabajos. En este su segundo western oficial tras Django desencadenado, y digo oficial dado que los mimbres del género los ha utilizado -y de manera harto visible- en buena parte de sus anteriores filmes, vuelve a sorprendernos. Formalmente, Los odiosos ocho es en toda regla un western, por ámbito geográfico, ubicación histórica y patrones estilísticos; no obstante, y he aquí el guiño de Tarantino, deviene en una película de suspense. El frío imperante del paisaje del estado de Wyoming, territorio en el que se sitúa la narración de la cinta escasos años después de la finalización de la contienda fratricida norteamericana (aunque en realidad se rodó en Colorado), parece contagiar los primeros tramos de la película, vana excusa para entrar en calor -eso sí, tal vez con una transición demasiado lenta-, cuando los peculiares e indeseables pasajeros de una diligencia -la referencia fordiana aquí es evidente- se apeen en la mercería de Minnie para refugiarse de la poderosa ventisca que se avecina. Al socaire del abrigo de la fonda y de un café que destilará aromas hitchckonianos se desatan los recelos y las verdaderas intenciones de estos bribones (cazarrecompensas, exsoldados, aspirantes a sheriff…). Tarantino recurre a sus actores más fetiches para urdir este teatral western, con una banda sonora de lujo firmada por Ennio Morricone, en el que destacan profusamente Kurt Russell, Samuel L. Jackson y una Jennifer Jason Leigh en plan Calamity Jane, que le ha valido para estar nominada al Óscar, sin desmerecer a un flemático Tim Roth -en un papel que podría haber hecho Cristopher Waltz- y a un veterano de la talla de Bruce Dern. La octava película de Tarantino no pasa desapercibida y te gustará más a medida que transcurra el tiempo.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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