Burbuja didáctica

Fotograma de 'La gran apuesta'. / PARAMOUNT PICTURES

Escena del filme ‘La gran apuesta’. / PARAMOUNT PICTURES

La crisis, la crisis… No nos vamos a librar de esta cantinela que tanto nos ha jodío -y nos sigue…, ya saben, con el gerundio a cuestas- a los ciudadanos de a pie, las grandes víctimas de este virus urdido en las entrañas del mundo financiero, Wall Street, y extendido cual peste bubónica por la faz de la Tierra -apocalíptico, pero cierto-. El cine, obviamente, no ha permanecido ajeno a este acontecimiento que le ha cambiado la vida al personal más vulnerable, con notables ejemplos que han buceado en los orígenes de la crisis. Ahí van unos cuantos: Margin call, Inside job, The Company Men, Too big to fail, The flaw..La gran apuesta es la última aportación que explora en las razones financieras y económicas que sumieron al mundo en el caos más atrabiliario, centrándose en la gran madre del cordero: la enorme burbuja inmobiliaria que finalmente pinchó -se pifió, mejor-. El filme, dirigido por Adam McKay, está inspirado en historias reales y se erige, sobre todo, en un estupendo ejercicio didáctico a la hora de entender las claves que llevaron a tal execrable situación, especialmente por darle pábulo sin descaro a la codicia más descarnada -ya lo dijo el ínclito Saulo de Tarso, en su acertada sentencia: “La raíz de todos los males es la avaricia”-. Con un ritmo trepidante -aunque tanta agitación resulte al final algo repetitiva-, el filme nos muestra las peripecias de tres grupos formados por diferentes personas vinculadas al mundo de las finanzas (inversores, gestores financieros, banqueros retirados…) que se dieron cuenta de la que se nos venía encima, y que también trataron de sacar rédito a tal desaguisado. Elevadas dosis de sarcasmo y un puntual tono documentaloide -con incisos de gente más o menos famosa explicando en modo profano algunos conceptos o aclarando varios palabros de la engorrosa terminología financiera- sirven a McKay para trazar un logrado fresco acerca de la opacidad de las finanzas y de la podredumbre del sistema. Se trata pues de un notable ejercicio cinematográfico -que bebe de la obra homónima escrita por Michael Lewis- que consigue revolver las tripas del espectador ante tanta estulticia y mala baba, y cuyo resultado se cimienta en la excelente interpretación del elenco encabezado por Christian Bale, Steve Carell, Brad Pitt y Ryan Gosling. Y como epílogo a esta fábula, que nadie se llame a engaño: por mucha apuesta que se haga, la banca siempre gana. Y eso sí que es una certeza.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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