Tramperos de imágenes

Fotograma de 'El renacido', película dirigida por Alejandro González Iñárritu. /FOX

Leonardo DiCaprio es el protagonista de ‘El renacido’, el nuevo filme del director mexicano Alejandro González Iñárritu. / FOX

Las películas sobre los llamados hombres de la montaña, los famosos tramperos, suponen una particular visión dentro de la poco ponderada laxitud del género del western, al retratar, por medio de estos seres solitarios y aventureros, la vanguardia de la expansión hacia el Oeste de un país como Estados Unidos, entonces aún emergente, en un territorio hostil y salvaje, acción que por otra parte -y dicho sea de paso- produjo trágicas consecuencias para la población amerindia, desplazada, cuando no aniquilada, de su hábitat habitual. Jeremiah Johnson (Sidney Pollack, 1972) y The Mountain Men (Richard Lang, 1980), con Robert Redford y Charlton Heston, respectivamente, como protagonistas, son ilustres ejemplos de ello, al igual que un filme un pelín más antiguo, El hombre de una tierra salvaje (Richard C. Sarafian, 1971), interpretada por Richard Harris. Precisamente, partiendo de lo que cuenta esta última cinta, la historia real de Hugh Glass, trampero que sobrevivió al ataque de un oso grizzly, novelada en 2002 por el escritor Michael Punke, Alejandro González Iñárritu construye su epopeya montañera y fronteriza. El hombre contra la naturaleza y contra sí mismo, la lucha por la supervivencia a pesar de las circunstancias adversas y la venganza como leitmotiv existencial: El renacido es cine con mayúsculas, en el que el preciosismo con gotas de hiperrealismo de González Iñárritu campa a sus anchas en un telón de fondo compuesto por montañas, ríos y bosques nevados. Parco esta vez en diálogos -qué diferencia con su anterior película, Birdman, todo un alarde de locuacidad-, el oscarizado realizador mexicano forja en El renacido poderosas y sublimes imágenes -nos encontramos aquí una vez más con su inclinación por el plano secuencia- que se elevan por encima de una sencilla trama narrativa; un alarde que nos trae inevitablemente a la mente a ese poeta visual  que lleva por nombre Terrence Malick, cuyo nexo de unión con González Iñárritu es el soberbio director de fotografía Emmanuel Lubezki. Leonardo DiCaprio deviene en el otro pilar de esta película y hace suyo hasta la saciedad el personaje de Hugh Glass, con el que echa el resto, demostrando por enésima vez lo buen actor que es. Ahora solo hace falta que los académicos de Hollywood lo confirmen.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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