Cuitas fraternales

Una de las escenas de la película 'Capitán América: Civil War'. / MARVEL

Fotograma del filme ‘Capitán América: Civil War’. / MARVEL

La saga cinematográfica de Los Vengadores es de lo mejorcito que transita por este mundillo renovado de los superhéroes, envueltos ahora en procelosos ribetes de realidad, desajustes emocionales y en una encauzada introspección -con los ponderados trazos de oscuridad correspondientes en los personajes- para captar así el interés del respetable más talludito. En este nuevo conciliábulo de seres extraordinarios, Capitán América: Civil War vuelve a recuperar la esencia del espectáculo ampuloso de artificios visuales para el culto al entretenimiento que no está reñido con contar una historia atractiva. Los hermanos Russo, directores del cotarro, logran cohesionar el maremágnum de situaciones y darle un equilibrio efectivo a esta aparente epopeya de grupete de amigos con fraternales desavenencias que o bien van por libre en su tarea de hacer justicia por el mundo, o se someten a la supervisión de un organismo internacional, disyuntiva que acabará en un enfrentamiento a dos bandas, al que se incorporan más efectivos de la casa, cual refuerzos deportivos, como un barbilampiño Spiderman, interpretado por el prometedor Tom Holland (sí, el primogénito de familia de Lo imposible), Black Panther o Ant-Man. Resulta interesante la reflexión maquiavélica subsidiaria de si el fin justifica los medios, de si son inevitables las víctimas colaterales en cualquier  resolución de conflictos armados, por muy supuestamente justos que se (nos) quiera vender… Cuestiones que se plantean en el seno de estos vengadores ahora divididos y liderados por Tony Stark-Iron Man y Capitán América, respectivamente, y cuyas cuitas engarzan, junto a la lacra del terrorismo, que golpea en la trama, con la más inusitada actualidad. Cine de evasión, sí, pero no tanto…

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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