Bajo el cielo de Nairobi

Helen Mirren es una coronel británica en 'Espías desde el cielo'. / BLEECKER STREET MEDIA

La actriz Helen Mirren es una coronel británica en la película ‘Espías desde el cielo’. / BLEECKER STREET MEDIA

 

Mientras una niña musulmana vende pan en un puesto improvisado de una calle de los arrabales de Nairobi, en la casa de atrás, un piso franco, se prepara un atentado suicida por islamistas radicales que operan en Kenia bajo la égida del grupo Al Shabab. Ambas situaciones ligadas por los imponderables de los acontecimientos están siendo vistas desde ordenadores ubicados a miles de kilómetros de distancia, en una base militar de Nevada y en el centro de operaciones del Ejército británico en Londres… Y hay que tomar una decisión… Espías desde el cielo, el filme dirigido por Gavin Hood y protagonizado por Helen Mirren, Aaron Paul, Iain Glen y el recientemente fallecido Alan Rickman, juega muy bien y de manera inteligente e inteligible sus bazas narrativas, empastando para ello dos perspectivas, la del thriller y la de la reflexión. Las dos discurren de manera paralela en su desarrollo: la primera, siguiendo los cánones del género, enmarcado aquí de belicismo, con una trama ágil y bien estructurada; y la segunda, alimentando el debate y los consiguientes dilemas, en los que se dan citan términos y conceptos como legalidad, ética, moral, órdenes…, y recurrentes eufemismos, como víctimas colaterales y minimizar daños. La cinta disecciona magistralmente la supuesta cadena de mando de una operación antiterrorista, misión que lidera una estupenda Helen Mirren, en la piel de una pragmática coronel británica. La cosa se complica cuando se debe decidir si para acabar con los terroristas, mediante el uso de drones, es preciso que mueran personas inocentes como mal menor ante la inminente atrocidad de un atentado de enorme envergadura. Hood logra que el espectador se implique en el carrusel de dudas e indecisiones que transitan a nivel jerárquico entre militares y políticos, donde la responsabilidad de los actos, al socaire de la fría distancia que proporcionan las nuevas tecnologías, se diluye o se comparte, lo que distorsiona o minimiza la culpabilidad.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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