Polis patrios

Esto de las parejas de policías y de detectives, en sus distintas modalidades y versiones, no se estila mucho en el cine patrio que digamos. Lo más reciente que me viene a la memoria, quitando a los hijos de Ibáñez Mortadelo y Filemón -aunque eso es harina de otro costal, como ustedes entenderán-, son el par de agentes retro de La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014). Qué Dios nos perdone viene a cubrir en cierto modo este pequeño vacío. El filme dirigido por Rodrigo Sorogoyen (Stockholm, 2013), autor también del libreto junto a Pilar Peña -ambos ganaron el premio a mejor guion por esta cinta en el pasado Festival de Cine de San Sebastián- se presenta como un thriller policiaco, si bien realmente como funciona de verdad es en calidad de caleidoscopio del mundo personal y laboral de los inspectores Alfaro y Velarde, interpretados por unos geniales Roberto Álamo y Antonio de la Torre. Unos policías que persiguen a un asesino en serie de ancianas en plena canícula de 2011, en un Madrid atiborrado de peregrinos para ver al entonces papa -ahora emérito- Benedicto XVI y con los ecos aún resonando de las manifestaciones del 15M. Sorogoyen y Peña aciertan al construir unos personajes poliédricos, alejados de los estereotipos y clichés marcados por el género. Alfaro es un rudo, cínico, descreído y lenguaraz agente, mientras que Velarde se erige en un concienzudo sabueso que tiene dificultades para expresarse correctamente debido a su tartamudez. Ambos no son antagónicos y llevan a cuestas sus luces y sombras con un alto grado de profesionalidad ,en un oficio en el que dejar un cabo suelto resulta capital. Desde esta perspectiva, Qué Dios nos perdone traza un relato sobre el oficio policial, indagando en la psique de los protagonistas, lo que prevalece sobre una trama que, una vez solventada su resolución criminal, resta puntos al resultado final, que aun así es notable.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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