Cruise: el traficante

Tom Cruise protagoniza 'Barry Seal: el traficante'. / UNIVERSAL

Tom Cruise es el protagonista de ‘Barry Seal: el traficante’. / UNIVERSAL

 

Cada cierto tiempo aparecen en cartelera títulos que tratan con esmerado desenfado algunas temáticas per se conflictivas y a todas luces reprochables, una forma de mostrar la realidad relativizándola o satirizándola, aunque sin renunciar a su cuestionamiento. La nueva película protagonizada por el ínclito Tom Cruise, que ha dejado a un lado por un momento a espías imposibles, es de esta clase de filmes. De tal guisa me vienen, a bote pronto, cintas como El señor de la guerra, no la de corte medieval, la de Charlton Heston, de 1965, válgame Dios, sin ninguna relación con lo que tenemos entre manos, sino la de 2005, protagonizada por Nicolas Cage, que cuenta el fulgurante ascenso y caída del amoral traficante de armas Yuri Orlov (apelativo, por cierto, que coincide con el de un físico nuclear ruso, que nada tiene ver con todo esto). De similar estructura y concepción formal e igualmente inspirada en hechos reales, en el caso que nos ocupa de manera evidente, sin poner nombres impostados de por medio, Barry Seal: el traficante narra las peripecias de este expiloto de la compañía aérea TWA (personaje que sale también en la serie Narcos) que se ve envuelto de la noche a la mañana en un infernal triángulo formado por la CIA, el cártel de Medellín -sí, el de Escobar- y la DEA -la agencia estadounidense contra el narcotráfico-. La película, pergeñada en clave de acción con ribetes de humor, de hecho incluso parece a veces más comedia que lo primero, resulta bastante ágil y entretenida en su deambular cronológico por finales de los 70 y la década de los 80, desde el mandato de Jimmy Carter y el posterior de Ronald Reagan, pasando por el Irangate, el Panamá de Noriega, los sandinistas y la Contra nicaragüense, hasta deslizarse por el Arkansas del por entonces gobernador Bill Clinton. La cinta, dirigida por el talentoso y ya curtido Doug Liman, se abstrae de posicionamientos morales para sumergirnos en la vorágine de vida de este particular mensajero metido a nuevo rico, que transporta en sus aviones drogas y armas, en función de lo que se tercie. Ritmo frenético para un producto solvente (a mayor gloria del siempre rejuvenecido y omnipresente Cruise) que divierte sin perder una tamizada perspectiva crítica.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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