Nolan, al rescate en Dunkerque

Fotograma del filme bélico 'Dunkerque', dirigido por Nolan. WARNER BROS.

Fotograma del filme bélico ‘Dunkerque’. / WARNER BROS.

Pocas películas ensalzan las derrotas, a no ser que la épica trascienda y minimice el impacto del fracaso. Christopher Nolan ha querido sublimar el duro castigo infligido por los alemanes a las tropas expedicionarias británicas y al Ejército francés en los aún albores de la Segunda Guerra Mundial, empujándolas al océano en las norteñas y gélidas playas galas de Dunkerque, y a fe que lo ha conseguido. Pese a las críticas “históricas” recibidas (los gabachos, por ejemplo, están que trinan por su escaso protagonismo en la cinta, aunque jugaran en casa, abrumados por el excesivo chauvinismo británico, en lo que deviene en una buena imitación del yankee en este tipo de lances), Nolan ha cumplido de sobra -al menos desde el punto de vista cinematográfico- el expediente con Dunkerque, la otra cara -más bien la cruz- del ulterior desembarco de Normandía, lo que viene al pelo para remarcar que no se trata de un simple Salvar al soldado Ryan a la inversa. A diferencia de la sobresaliente película de Spielberg, Nolan se centra en la heroicidad desde la bandera de la resistencia y del innato instinto de supervivencia del ser humano. Construye una película sustentada en poderosas imágenes que segmenta en tres ámbitos que convergen en el epílogo: el de la evacuación en la playa y el espigón, el decisivo papel de la RAF -los combates aéreos recuerdan al más puro estilo clásico del cine bélico- y la patriótica participación en el rescate de barcos civiles y de recreo. Tres miradas de un mismo acontecimiento con las que quiere dimensionar una epopeya de la que hoy los especialistas en la materia se rebanan los sesos por la decisión de Hitler de no culminar hasta el final su ofensiva, que habría sido definitiva en el frente oeste. Nolan huye de explicaciones y subrayados para incidir en la verdadera gesta, la de los soldados evacuados, en la que muestra casi invisible al omnipresente enemigo: solo los aviones de la temible Luftwaffe como referencia. Dunkerque es una emocionante tensión, remarcada por la excelsa música de Hans Zimmer. A Churchill le habría encantado, me temo que a De Gaulle, no.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas ¿Qué opinas?

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