El día D de Churchill

El actor escocés Brian Cox se pone en la piel de Winston Churchill, en uno de los dos biopics previstos esta temporada/ A Contracorriente Films

El actor escocés Brian Cox se pone en la piel de Winston Churchill, durante los días previos a la Operación Overlord. / A Contracorriente Films

Viene la churchillmanía. Uno de los iconos históricos claves en el devenir del siglo XX protagoniza en la gran pantalla dos biopics que se estrenan con apenas cuatro meses de diferencia. A falta del filme El instante más oscuro (previsto para el 12 de enero), con el camaleónico Gary Oldman en la piel del celebérrimo premier británico, ha llegado a los cines Churchill que, pese a la contundencia del título, que da a entender una semblanza más extensa del personaje -nada más lejos de la realidad-, se centra en los días previos al desembarco de Normandía, el famoso día D, principio del fin de la pujanza alemana en la Segunda Guerra Mundial. Aunque Winston Churchill tuvo una extensa y agitada vida, desde sus inicios como corresponsal en la Guerra de Cuba, pasando por el segundo conflicto anglo-bóer, y su fiasco en la Gran Guerra siendo primer lord del Almirantazgo (el desastre de Galípoli), ambas películas bucean en su etapa como primer ministro en el mentado periodo bélico. En Churchill destaca sobremanera la interpretación del escocés Brian Cox, un fantástico artista (mira que lo hemos visto de secundario en cintas como Braveheart, Troya, The Boxer y en algunas de la saga Bourne), que borda el papel ayudado por una gran caracterización, y lo mejor, sin ningún atisbo de duda, de la película. El filme, dirigido por el australiano Jonathan Teplitzky, es un esforzado e introspectivo retrato del estadista antes de la consumación de la decisiva Operación Overlord, que funciona bien desde el punto de vista actoral -excelentes John Slattery, como Eisenhower, y una excelsa Miranda Richardson, como Clementine, la esposa de Winston, e incluso James Purefoy, de rey Jorge VI-, pero transita por aguas procelosas en cuanto a ritmo -lento hasta la saciedad, y eso que no es una cinta larga-. Con un gusto visual muy estético, sí que resultan excesivas las imágenes, especialmente planos generales, que quieren subrayar y sublimar la soledad del líder ante decisiones trascendentales, sobre todo su férrea oposición al desembarco, que es obviada por el alto mando aliado. Churchill deviene casi en un producto academicista al que le falta menos frialdad y más querencia a la emoción.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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