Alta tensión

Kathryn Bigelow dirige 'Detroit', sobre los sucesos raciales acaecidos en esa ciudad en 1967. / EONE

Fotograma de la película ‘Detroit’, dirigida por Kathryn Bigelow. / EONE

 

Pese a tratarse de sucesos acaecidos 50 años atrás, Detroit, la nueva película de Kathryn Bigelow, está de plena y desgraciada vigencia, en una etapa en la que los brotes racistas en Estados Unidos han vuelto a visibilizarse de la mano de determinados episodios de brutalidad policial y azuzados últimamente por la ambigua, por decirlo de manera benevolente, postura del inefable Donald Trump con los lamentables comportamientos de abyectos grupos de descerebrados, como el de los supremacistas blancos. Bigelow se caracteriza por abordar sin tapujos cuestiones aún candentes y desde luego que aquí no rehúye el reto. En esta cinta, de la mano del guionista Mark Boal, con el que ha trabajado en otros dos filmes, En tierra hostil -por el que la directora ganó el Óscar- y La noche más oscura, la realizadora californiana narra con pericia los disturbios sociales vividos durante el verano de 1967 en la otrora floreciente capital del coche, en pleno movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos. Bigelow presenta un abrumador fresco, aderezado de manera puntual con imágenes de archivo, que le dan el pertinente toque documental, desde la propia eclosión de las protestas hasta uno de sus puntos álgidos: la redada en el Motel Algiers, que a la postre acabó con la violenta muerte de tres afroamericanos, en una operación en la que otros siete y dos mujeres blancas acabaron con brutales agresiones a cargo de agentes locales, ante la absoluta pasividad de la policía estatal y de la Guardia Nacional. Hasta llegar al momento crucial del relato tal vez le sobre a la cinta algo de minutaje -también en su epílogo-, porque es dentro del Algiers donde alcanza su mayor dramatismo, con una elevada tensión que revuelve las tripas incluso del espectador más frío. Bigelow, arropada por unos actores impecables, especialmente Will Poulter y Algee Smith, sube a niveles estratosféricos la zozobra en una notable película que transita del todo a la parte con el propósito de insuflar empatía e indignación.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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