En la corte de Judi Dench

Fotograma de la película 'La reina Victoria y Abdul'. / UNIVERSAL

La actriz británica Judi Dench y el actor indio Ali Fazal protagonizan la película ‘La reina Victoria y Abdul’. / UNIVERSAL

 

La historia moderna de Gran Bretaña copa últimamente la cartelera. A Dunkerque y a Churchill se le ha unido ahora La reina Victoria y Abdul, que bucea en la hasta hace poco desconocida relación de amistad que mantuvo en el crepúsculo de su existencia la monarca británica con un sirviente indio de religión musulmana. No es ni de lejos la primera vez que la vida -o parte de ella- de la también emperatriz de la India salta a la gran pantalla. Hace pocos años, en 2009, aparecía La reina Victoria, protagonizada por Emily Blunt, que se centraba en los amoríos con su consorte, el príncipe Alberto, algo que se repite en la actual serie televisiva sobre la soberana del Reino Unido. En la que nos concierne, La reina Victoria y Abdul, y yendo directo al grano, solo la salva de caer en el inmediato olvido la excelsa interpretación de esa dama de la escena llamada Judi Dench, que en absoluto resulta ajena a esto de ponerse en la piel de reinas de la Pérfida Albión, huelga decir que ya hizo de la propia Victoria en Mrs. Brown (1997) -que exploraba también otra relación con un cercano fámulo- y de Isabel I en Shakespeare in Love (1998), por la que, por cierto, ganó el Óscar. En este nuevo lance monárquico, Dench borda de manera inmensa a la achacosa cascarrabias de su graciosa majestad -que reinó sobre el imperio entre 1837 y 1901-, en un irregular filme dirigido por alguien que suele ser tan solvente como Stephen Frears, quien aquí fracasa a la hora de equilibrar la narración, que arranca claramente por el terreno de la comedia, enfatizando el carácter huraño de Victoria y abundando en situaciones pródigas de humor, como el rígido y ridículo protocolo regio, para ir descendiendo luego a territorios más dramáticos, donde la cinta pierde frescura e interés. El actor Ali Fazal, que encarna a Abdul, se limita a cumplir como puede su cometido, y al que tampoco ayuda el libreto de la película, que no profundiza en las motivaciones para admirar ciegamente a la reina Victoria -viniendo de donde viene y en un contexto de colonización-. Se trata, pues, de una cinta sin mucho recorrido que merodea por lo políticamente correcto sin morder de verdad en las cuestiones más espinosas.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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