La madre de las vallas

Frances MacDormand protagoniza 'Tres anuncios en la carretera', del director Martin McDonagh. / FOX

La actriz Frances McDormand es una madre coraje en el filme ‘Tres anuncios en la carretera’, del director Martin McDonagh. / FOX

El guionista y director Martin McDonagh nos sorprendió en Escondidos Brujas (2008) con un thriller trufado de comedia negra, y ahora, tras Siete psicópatas (2012), regresa a la gran pantalla con Tres anuncios en las afueras, una película de enjundia, densa y transversal en cuanto a género, que utiliza como eficaz vehículo para retratar el anverso y el reverso de la psique humana los firmes deseos de justicia de una madre cuya hija adolescente ha sido asesinada tras sufrir una violación, sin que, pasados varios meses del crimen, se haya encontrado al culpable o culpables, y que recurre a unas vallas publicitarias para denunciar la supuesta inoperancia policial a la hora de resolver el caso. Tres anuncios en las afueras, acreedora ya de varios premios y una de las serias aspirantes a los Óscar, deviene así en un carrusel de emociones encontradas, donde los personajes -empezando por la protagonista, la inconmensurable Frances McDormand, en el papel de Mildred Hayes, una auténtica madre coraje- no son todo lo que aparentan ser ni obrar, en un sustrato tamizado por un cúmulo de sombras y luces. McDonagh sitúa su trama en el ficticio pueblo de Ebbing, al que coloca en el estado de Misuri, en pleno Medio Oeste norteamericano, un escenario ideal para el pulso que mantienen Hayes y el sheriff Willoughby (Woody Harrelson), un duelo que parece entresacado de un western clásico, con la salvedad de que aquí el tipo duro es una antiheroína visceral y con mucha mala leche, tanto de verborrea como de acción, que destila ocasionalmente destellos de ternura y comprensión. McDonagh transita una vez más con estudiado equilibrio por el drama y el humor ácido, alumbrando la sempiterna moraleja de que siempre, por mucha oscuridad que veamos en el fondo del abismo, hay posibilidad de redención, como le ocurre a Dixon, el racista y con pocas luces ayudante del sheriff, encarnado por un estupendo Sam Rockwell. El imaginario de los hermanos Coen (y no porque esté en la cinta MacDormand, una de sus musas, esposa de Joel e inolvidable agente local de Fargo) pulula en este nuevo acercamiento cinematográfico a la América más profunda, violenta, paleta e ignorante, a la que miramos, y no de reojo, en la infausta era dominada por el signo de Trump.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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