Fábula pasada por agua

Sally Hawkins interpreta a una mujer de la limpieza enamorada de un monstruo anfibio en 'La forma del agua' / FOX

La actriz Sally Hawkins es la protagonista de ‘La forma del agua’, la nueva fábula del director mexicano Guillermo del Toro. / FOX

El cine de Guillermo del Toro (El espinazo del diablo, El laberinto del fauno, La cumbre escarlata, la saga Hellboy) está inundado de bendita y necesaria fantasía, que cultiva animosamente. Este epígono cinematográfico del realismo mágico es un cuentista nato, un fabulador incansable que se sumerge desde el batiscafo de la imaginación en el abismo de las emociones, sin desdeñar la crítica social y la reivindicación, en un universo a veces salpicado de monstruos y otros fascinantes seres, que suelen tener más humanidad que los humanos y donde los humanos suelen comportarse como verdaderos monstruos. La forma del agua (de la que, por cierto, Del Toro ha recibido ya una denuncia por plagio, extrañamente a poco más de una semana vista de los Óscar, donde concurre con 13 nominaciones…) es una deliciosa historia sentimental (no sentimentaloide), narrada con enorme pericia y potencia visual. Este enésimo y particular acercamiento al mito ya caleidoscópico de la bella y la bestia nos lleva a un laboratorio de una base militar estadounidense, allá por 1962, en plena Guerra Fría, donde trasladan a una extraña criatura anfibia con forma humanoide, a la que han capturado en la selva amazónica. En esa gélida instalación ubicada en Baltimore surge, primero, la curiosidad de la empleada de la limpieza Elisa Esposito (Sally Hawkins), huérfana y muda de nacimiento, y luego, el amor. Por eso, tratará de salvar a su acuático amado, con la ayuda de su dicharachera compañera Zelda Fuller (una siempre extraordinaria Octavia Spencer) y de su vecino Giles (Richard Jenkins), un veterano ilustrador, ante los planes del Gobierno norteamericano de eliminarlo, tarea encabezada por el abyecto agente de seguridad Richard Strickland (un sublime Michael Shannon, al que los papeles de malo le van como anillo al dedo), para que no caiga en manos de espías soviéticos. Del Toro, de los tres grandes directores actuales que ha parido México (los otros dos son Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu), rinde abiertamente en La forma del agua, la que puede ser su obra cumbre, un homenaje casi integral al séptimo arte, desde el cine mudo hasta los musicales, pasando por la ciencia ficción, e incluso la comedia ligera (además, la propia protagonista vive encima de un antiguo y desvencijado cine donde proyectan péplums). Un reconocimiento en toda regla a una industria que necesita cada vez más mirar hacia atrás para seguir adelante. Y es que el cine de evasión, cuando es de enjundia, siempre merece la pena.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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