Follón sobre el hielo

Fotograma de 'Yo, Tonya', 'biopic' sobre la patinadora artística Tonya Harding. / NEON

La actriz Margot Robbie protagoniza el original ‘biopic’ sobre la patinadora artística estadounidense Tonya Harding. / NEON

Muchas veces recurrir al humor es la forma más despiadada de contar un drama. Yo, Tonya es el  atrevido, mordaz y desenfadado biopic sobre Tonya Harding, aquella patinadora artística -los más talluditos la recordarán- que allá por los años 90 de la pasada centuria se vio envuelta en una polémica mediática en Estados Unidos tras la agresión sufrida por su compañera y rival, Nancy Kerrigan, quien fue golpeada en sus rodillas por un sujeto contratado por el marido de Harding con ánimo de lesionarla gravemente, semanas antes de los Juegos Olímpicos de Invierno de Lillehammer (Noruega). Narrada con ribetes de falso documental (lo que los americanos llaman mockumentary), esta comedia negra, que recuerda por momentos a las enrevesadas historias de los Coen, con la pequeña gran salvedad de que aquí se trata de un caso real, se pasea por la vida de la tosca Harding, desde su niñez hasta el conocido escándalo deportivo y sus posteriores consecuencias, en una original puesta en escena dirigida por el australiano Craig Gillespie, con guion de Steven Rogers. La ironía y la sátira capitanean un filme que resulta en su quintaesencia una pura tragedia, la de una joven deportista, alentada, primero, por una madre egoísta y sin escrúpulos, y luego, bajo la égida de un inseguro y zafio marido, en su afán por intentar ser la mejor en una disciplina en la que a pesar de sus logros nunca se consolidó en lo más alto. Gillespie nos ofrece un fresco aparentemente inocuo, en el que no juzga los comportamientos de los protagonistas, que dan su versión libremente ante la cámara, y que aunque parezca que los suaviza con recursos satíricos y canallas, son, en definitiva, un mero envoltorio que sirve para esconder una realidad de sinsabores y desencuentros. Otra vez en esta temporada cinematográfica volvemos a mirar a la América más profunda, donde campan la incultura y los bajos instintos, esa que posiblemente llenó de votos la buchaca de Trump y que nos demuestra que hacía tiempo que estaba larvada, a punto de que alguien rascara un poquito para aflorar con fuerza. Harding, interpretada por una soberbia Robbie Williams, deviene más en víctima que verdugo, con la que llegamos a empatizar. Lo de menos es desentrañar qué ocurrió: si ella estaba realmente enterada de toda la estrambótica trama articulada por su esposo y su incalificable amigo guardaespaldas para lesionar a Kerrigan; lo de más es poner sobre la mesa desigualdades sociales, malos tratos y unos medios amarillistas que actuaron sin medida para lograr las mayores cuotas de audiencia. Yo, Tonya es una más que recomendable cinta donde sobresale, aparte de Robbie, Allison Janney (la inolvidable jefa de prensa de El lado oeste de la Casa Blanca), con un impagable papel de mamá sarcástica, dura e insensible, todo un personaje.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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