Más oscuridad

El universo de J. K. Rowling ha mirado allende las aulas de Hogwarts para continuar con una visión más adulta esas historias de magos y brujas que tanto éxito, celebridad y buenos caudales granjearon a la escritora británica. Animales fantásticos y dónde encontrarlos quiso avanzar en su fascinante mundo -y seguir alimentando de paso la buchaca de su creadora- una vez finiquitada la historia del joven Potter. Como no podía ser de otra manera con este tipo de productos, el paso al cine era cuestión de tiempo y las andanzas del magizoólogo Newt Scamander (Eddie Redmayne en la gran pantalla) inspiraron la película del mismo título, con guion de la propia Rowling, en la que era su primera incursión en estas lides, para la que contó otra vez con el siempre cumplidor David Yates, director ampliamente bregado en la particular cosmovisión de la autora. Después de esta primera entrega de la nueva saga, cronológicamente situada a finales de los años 20 de la pasada centuria, filme que mostró mucho artificio, si bien no pasó más allá de un mero bestiario, en esta continuación, subtitulada Los crímenes de Grindelwald, con Yates repitiendo tras las cámaras, Rowling desarrolla más ampliamente toda la temática que subyace en su obra fantástica, fundamentada en la eterna lucha entre el bien y el mal, utilizando aquí como contundente sustrato el convulso periodo de entreguerras, caldo de cultivo de movimientos totalitarios, como el nazismo, y que refleja bien a las claras en el arribista mago Grindelwald -en la piel de nuevo del siempre camaleónico Johnny Depp– y su encendida defensa de la sangre pura. Y es por este camino, con tintes más oscuros, eso sí, donde la película funciona mejor que la anterior, preparando, además, el terreno para las futuras secuelas con el anunciado enfrentamiento entre el mentado señor tenebroso y el profesor de Hogwarts Albus Dumbledore (Jude Law). Vamos, que habrá saga made in Rowling para rato.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión ¿Qué opinas?

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