El tridente funciona

El actor hawaiano Jason Momoa es Aquaman, el rey de Atlantis. / WARNER BROS.

El actor hawaiano Jason Momoa es Aquaman, rey de Atlantis. / WARNER BROS.

Seguro que Platón nunca habría imaginado que su Atlántida tuviera tanto rédito. La mítica isla-continente, desaparecida bajo las fauces marinas durante un feroz cataclismo, siempre según el célebre pensador heleno, era una poderosa nación miles de años antes de que florecieran las ciudades-estado griegas y su caleidoscópica leyenda ha alimentado todo tipo de historias de cualquier género y filiación, algo a lo que, por supuesto, el mundo del cómic no podía ser ajeno, en este caso en la figura de Aquaman, rey de Atlantis, de la factoría DC, creado en la década de los 40 de la pasada centuria por el dibujante Paul Norris y el escritor Mort Weisinger. El personaje, en sus orígenes un rubiales y más bien seriote, ha trascendido a la gran pantalla en la piel morena de ese tipo greñudo e inmenso -que habla dothraki, no nos olvidemos- llamado Jason Momoa, quien ya había aparecido sucintamente en otros filmes con la marca DC, como Batman contra Superman o Liga de la Justicia, y que ahora ha adquirido rango protagónico con una cinta para explayarse el solito. Al igual que ocurrió con Wonder Woman, la franquicia ha encontrado fuera de sus dos superhéroes estrellas, Superman y Batman, el faro que alumbra el buen camino. Aquaman cumple en su misión de entretener a toda costa -si gusta o no a los fans más acérrimos de este señor con tridente, eso es harina de otro costal-, y encima durante dos horas y media sin que decaiga prácticamente el ritmo y exista el más mínimo atisbo de aburrimiento, lo cual es siempre de agradecer. James Wan -para situarnos, el director de la primera Saw– dota al producto de cierto aura de película de aventura clásica con un toque kitsch que le da su punto y en el que no faltan los guiños humorísticos; eso sí, con las inevitables dosis de mamporros y un muy conveniente mensaje ecologista -ay, esos plastiquitos malditos que echamos a nuestro mar-. En el debe, unos delirantes diálogos, el aparatoso batiburrillo bélico del epílogo y el escaso desarrollo de algunos personajes, empezando por el hermano malo, a la sazón Patrick Wilson, que no llega a convencer del todo. Por lo demás, y sin ponernos estupendos, una película muy apropiada para disfrutar en estos días de evasión, que de eso se trata.

Publicado el por Fran Domínguez en Canarias, Cine, Críticas, Opinión, Premios 1 comentario

Respuesta a El tridente funciona

  1. fuan frias

    pues que chinguen a su madre puto
    pendejos ni saben que es lo que escriben pinches putos hijos de mierda

     

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